El Maestro del Sexo II


El Maestro del Sexo
Segunda Parte
Autor Voz Amiga
Al instante en la pantalla aparece de nuevo la imagen de nuestra habitación, y Eva radiante y siendo bañada en aceites aromáticos por dos jóvenes esbeltos y atléticos de cuerpo muy cuidado y con signos de una forma física fruto de horas de gimnasio, ambos de mas de 1.90 de estatura con una edad aproximada a los 25 años y uno de ellos es rubio y el otro un negro con el pelo, ellos están rociando a mi mujer que esta de pie en medio de la gran bañera de la habitación.
Ambos llevan puesto un bañador de competición que tapa lo justo para no ver sus pollas, pero se ve un enorme bulto entre sus piernas, uno esta extendiendo el liquido por la espalda de arriba a los pies, sin dejar un rincón de su cuerpo sin aceite, y el otro esta por delante dando el aceite de la misma forma, pero este se recrea en sus pechos que están con sus pezones erectos al máximo, fruto de los masajes y las caricias de ambos jóvenes sobre su cuerpo que no paran de acariciar, ella gime de placer y gusto, pues ambos al llegar a su entrepierna sus manos se hacen hueco entre ellas y la dan placer en su sexo y ano.
Una vez que aparentan haber terminado su labor, la sacan de la bañera y de pie la secan con movimientos suaves y lentos, mientras Eva suspira con las manos de los dos jóvenes sobre su cuerpo, el negro la esta ahora comiendo su pezón derecho y el rubio hace lo mismo sobre el izquierdo, mientras que con la mano abre su sexo y juego con su coño haciendo que Eva tenga un orgasmo de los fuertes ante semejante "Tratamiento"
La lleva a la cama y es el negro quien sin mediar palabras se quita el bañador dejando al aire una polla de unas dimensiones poco comunes ( 25cm mínimo ) gorda y mirando al techo totalmente empalmado, se sitúa entre las piernas de mi mujer y levantado sus piernas sobre sus hombros la penetra de un golpe totalmente, Eva grita del pollazo recibido y la impresión de verse lleno su coño con tamaña polla, el negro sin perder su compostura empieza a follarla con ritmo lento para que ella se vaya relajando y disfrute de su polla, mientras el rubio se ha quilato su bañador y situando su polla cerca de mi mujer se la pone en sus labios para que la mame, es una polla algo mas pequeña pero mas gorda.
Así pasan los minutos y nos reunimos en la habitación todos mientras ellos follas, nosotros les observamos con nuestra bebida en la mano, Alex me insinúa que son unos tipos muy fuertes y con una recuperación rápida, ahora ellos se cambian de sitio y es ahora la polla del rubio la que folla el coño de Eva, y ella se afana por chupar la polla del negro que es ahora cuando ella ve sus dimensiones, tiene unos huevos grandes y llenos de semen, que no tardara mucho en soltar.
El rubio dice a su compañero que esta a punto de correrse y el negro sujetabdo la cabeza de Eva la impone el ritmo de la mamada y controla que ella este atenta de su polla mientras el rubio nota el orgasmo que ella esta teniendo, no puedo mas, dice, y poniendo su cuerpo rígido da un grito y descarga su polla dentro del coño de mi mujer que al notarlo suspira y tiene otro de los múltiples orgasmos.
El negro suelta la cabeza y presto se cambia por el rubio que con la polla llena de semen goteando le deja el sitio al negro, el negro sitúa su polla sobre la entrada de su coño y de un golpe la penetra a fondo y mientras el rubio le pone la suya en la boca a Eva para que se la limpie, el negro folla con fuerzas y rapidez, mientras el rubio mantiene la erección de la polla como si no se acabara de correr, ella esta sintiendo que le viene un nuevo orgasmo, debe ser muy intenso pues no para de moverse y gemir sacando la polla del rubio de su boca, ellos mientras la están pellizcando sus pezones y el rubio le esta comiendo un pecho a la vez que se esta pajeando, ella le ayuda con su mano en sus huevos y así el negro suelta un suspiro grande y les dice que se corre y sin mas suelta el primer corro de semen dentro del coño de Eva y ella siente también que le viene el orgasmo mas fuerte de la noche.
Ella se desfallece de esfuerzo y queda casi inerte, mientras el negro saca su polla y poniéndola sobre el pubis de Eva sigue soltando pequeños hilos de semen, el rubio le dice a su amigo que le deje sitio y levanta las piernas de ella y la penetra sin compasión y no tarda ni cinco minutos en correrse dentro con un suspiro de placer, sacando su polla que ahora empieza a perder su erección, adormecida Eva por el sexo tenido con los dos se queda tranquila en la cama.
Los dos chicos se lavan el la bañera, mientras Alex me dice que te ha parecido eh?
Pues la verdad es que los tíos follan de una manera que pocas veces había visto antes, además tienen buenas pollas y cuerpo, y si encima añadimos que son jóvenes, es la combinación perfecta para UN BUEN SEXO
Alex me dice que dejemos a Eva descansar que tenemos varios días para nosotros donde quedaremos ambos plenamente satisfechos, antes de irnos al salón Alex separa las piernas de Eva para limpiarlas con una toallita retira todo el semen que la inunda por su entrepierna.
Continuara................

El Maestro del sexo I


El Maestro del sexo I
Autor: Voz Amiga
Hola Amigos, somos Eva y Roberto de Madrid, nos conoceréis por alguna otra vivencia publicada en esta Web, y como breve presentación, tenemos 28 años Eva y 46 años Roberto, ella es de170y pico de estatura, buen cuerpo y unos pechos muy apetecibles de talla 95 firmes y duros, muy sensibles, multi-orgásmica y caliente, yo alto mas alto 178 fuerte y cuerpo cuidado, y según dicen las que la han probado una buena polla de 20cm casi, con mucho aguante.
Tras haber sido publicados en esta Web algunos de nuestros momentos vividos, nos contacto un señor muy amable y educado, diciéndonos como era, 59años 189 estatura 95 kilos, ojos azules, pelo canoso, un físico bien cuidado por la practica de varios deportes y de piel morena, este señor es de nacionalidad sueca, persona con un nivel social alto, pues posee una empresa con delegaciones en varios países y varias propiedades en España
Alex que así se llama, nos contó que le habían gustado nuestras narraciones sexuales, y que estaba interesado en conocernos en persona, para lo que nos invito a un restaurante típico de cocina nórdica, tras varias conversaciones telefónicas y correos electrónicos, aceptamos la invitación, ya sabíamos bastante de el y el a su vez de nosotros, la comida fue un encuentro muy grato para todos, con una conversación como la que pueden tener amigos de muchos años,.
Alex no paraba de adular a Eva que lucia un vestido de raso negro con tirantes y un generoso escote, espalda descubierta hasta el final de su espalda, zapatos de tacón alto, medias de rejilla y debajo una tanga de color negra, sujetador minúsculo del mismo color, Alex le decía que era muy guapa y sobre todo una mujer elegante en sus formas y vestir, el no quitaba los ojos de ese canalillo que forman sus pechos, firmes y generosos a la vista, pues se podían ver una buena parte de los mismos.
Después de cenar montamos todos en su auto y nos dirigimos por la carretera hasta llegar a una finca solitaria y ante la puerta pudimos ver que tenia seguridad, los dos guardas le saludaron amables, proseguimos hasta llegar a la entrada del edificio principal de la finca, donde salio a nuestro encuentro un chico de unos 22 años, alto y muy guapo, según dijo Eva, que se llevo en coche, y entramos en la casa tras los pasos de Alex, nuestro anfitrión nos mostró la casa en general, tenia cuatro plantas y una piscina climatizada cubierta, formando parte de un ala del edificio, nos mostró la parte superior que es donde están los dormitorios, todos ellos de grandes dimensiones, y por ultimo nos condijo a uno que esta al final del pasillo, donde nos indico que era para que nosotros nos pusiéramos cómodos.
La Habitación debía tener casi 80 metros cuadrados, disponía de una bonita terraza con vistas a la piscina que en verano se dejaba al aire, un baño precioso y muy confortable con una bañera grande y redonda, y aparte de diversos muebles, tenia una cama inmensa con cortinas y tejadillo de madera tallada, como a tres metros de la cama había una superficie elevada del suelo que tenia unos escalones, Alex nos dijo que nos gustaría, pero no nos dijo nada mas sobre ello, en uno de los armarios había varias batines para después del baño, que se podía ver eran nuevos, y también unos kimonos de seda con dibujos orientales.
Alex nos invito a una copa antes de cambiarnos en otra de las habitaciones donde disponía de una barra de bar. Con todo tipo de bebidas detrás de la barra en una estantería cuyo fondo era un amplio espejo bordeado de tela de terciopelo rojo a juego con la decoración de la habitación, puso un dvd de música suave y en una gran pantalla de plasma que tenia en una de la paredes, la pantalla mostraba diversas imágenes al son de la música, nos entono la bebida y aprovechando esa música nos pusimos a bailar Eva y yo, abrazándola muy juntitos los dos. Alex mientras nos observaba tomando su bebida.
Al terminar la pieza que estaba sonando, el se acerco con una nueva copa para los dos, y me dijo, me permites que baile ahora yo con Eva? Claro sin problemas, el la toma con una mano en su espalda baja, la otra sujetando una de sus manos, y comienzan a bailar, yo me siento en uno de los taburetes altos de la barra y los contemplo danzar, las copas las tengo sobre la barra junto a la mia, unas velas encendidas sueltan una columna de humo oloroso que no puedo identificar, huele muy intenso y bien.
Alex demuestra ser mucho mejor bailarín que yo, pues no suelo hacerlo bien, el la lleva como su no pisara el suelo, termina la pieza y se acercan a la barra, Alex le ofrece la copa a Eva que toma sonriendo, la bebida, entra muy suave y casi sin sentirla, según nuestro amigo es un combinado de su invención. Hemos bailado por mucho tiempo y en un momento determinado Eva dice que tiene que ir al baño, al quedarnos solos los dos Alex me dice que tiene una pequeña sorpresa para nosotros, ah si? Le pregunto, yo, pero no tengas cuidado Robert es algo muy agradable.
Venga vamos a ponernos cómodos mientras Eva vuelve, yo me voy a la habitación y me desnudo poniéndome uno de los kimonos, al regresar a la sala donde estábamos antes Alex esta sentado en un amplio sofá frente a la pantalla gigante de video donde se ve unas chicas y chicos baliando sensualmente, Alex también lleva un kimono similar al mió de seda que se pega sobre nuestro cuerpo con un cinturón anudado.
Eva en ese momento entra en la sala luciendo un batín corto de seda raso color plata, le cubro escasamente los muslos y lo llevaba abierto el cuello lo que permitía ver sus pechos casi en su totalidad, cubiertos por un mini sujetador del color del batín, Alex se quedo con la boca abierta mirando como se aproximaba a donde estaba yo sentado, al sentarse junto a mi y para evitar que se le viera mas de lo que ya enseñaba cruzo sus piernas una sobre la otra, pero eso no paso sin que Alex pudiera observar hasta el final de sus piernas, llegando a ver su sexo, pero el no dijo nada, solo la miraba con unos ojos de deseo.
A Eva se le notaba según miraba el video que se estaba excitando por momentos, y se ponía mimosa conmigo, yo la acaricio la cabellera larga y suave que tiene hasta la cintura, con la cual se pasa muchas horas cuidando, el acariciarle el pelo la pone muy cariñosa y me devuelve las caricias.
Cierra sus ojos y me deja que la bese tiernamente mientras la paso una mano por las piernas subiendo hasta el filo del batín, a todo esto Alex no pierde de vista mis manos, sobre todo la que va subiendo por la pierna de Eva, ella sigue con sus ojos cerrados sintiendo como recorro su cuerpo poco a poco, la mano que tengo en su hombro la voy bajando por su hombro izquierdo y llego a su seno cogiendo la bata y dejando al descubierto el pecho cubierto con ese minúsculo sujetador brillante.
Alex me mira a los ojos a la vez que mira a Eva como adormecida, como esperando un gesto mió para que se aproxime a nosotros, le guiño un ojo a la vez que la mano que tengo sobre el muslo de ella hace un leve movimiento abro el batín dejando al descubierto el triangulo del tanga que cobre su sexo, el se acerca a nosotros poniéndose de rodillas junto a las piernas de mi mujer, yo pongo mis manos en la nuca de ella y la otro sobre el pecho a la vez que la beso con fuerza, ella esta muy excitado por las caricias que le he ido dando, Alex al verme como la cubro de besos y caricias posa sus manos grandes y firmes sobre los muslos de ella acariciándolos, recorre sus piernas de abajo arriba, cada vez mas arriba, hasta perderse al final de sus piernas y cogiendo con ambas manos el tanga tira levemente de el, ella se remueve en el sofá permitiendo que ese gesto facilite que el baje el tanga hasta los tobillos.
Alex separa las piernas de Eva y mira su sexo húmedo y con ese aroma de hembra caliente, yo mientras he bajado el batín hasta la cintura dejando al descubierto de cintura para arriba el cuerpo de mi mujer, la separo un poco del respaldo y suelto el sujetador, dejando al aire libre sus hermosos pechos, sin perder un segundo meto mi boca en sus pechos, chupando como un bebe, intentando sacar el máximo de esos pezones que van creciendo al tacto de mi lengua y boca succionando sin piedad, Alex mientras se ha abierto paso hasta su coño que come con maestría consiguiendo que ella suelte gemidos de placer.
Me levanto del sofá para ir al baño, pues tengo necesidad de ir, y al volver no los encuentro, voy a la habitación que nos ha asignado nuestro anfitrión y descubro que Eva esta metida en una gran bañera redondo de hidromaseja que es lo que había debajo de la plataforma de nuestra habitación, Alex la esta dando unos masajes con un gel aromático y ambos están desnudos dentro del agua el detrás de ella que yace entre sus piernas dándole la espalda y el apoyando su espalda a la pared de la bañera, venga Robert métete que esta deliciosa, yo no sabia si lo decía por el agua, o porque estaba dando buena cuenta de mi mujer con los masajes que le daba, sus manos recorrían desde la nuca hasta su sexo, los pezones de mi mujer estaban al máximo de erección.
Eva estaba disfrutando de los magreos en sus coño y sobre todo en sus pezones que estaban algo rojos, prueba que Alex no los había dejado descansar, ya desnudo me meto en el agua y Eva tomando mi polla se la mete poco a poco en su boca, mientras observo que ella tiene la polla de el en una mano dándole una masturbación como ella sabe hacer, el pone los ojos en blanco del gusto que esta recibiendo, pero los pezones no los suelta, lo mismo los pega mordiscos que los aprieta con sus manos a la vez que ella suspira.
Yo me siento en el agua y ella se separa de los dos y se pone de pie entre los dos yo tengo su culo a mi alcance y no puedo por menos que acaríciaselo, haciendo que ella separa sus piernas, Alex acerca su boca a su coño y cogiendo sus glúteos presiona sobre su boca a la vez que mete su lengua en su coño mientras que ella gime de gusto, así hace que mi mujer tenga uno de sus primeros orgasmos escandalosos, pues le gusta expresarlos así,
Después del orgasmo ella sale hacia la cama cubierta con un albornoz para secarse, nosotros salimos también del agua y mientras que yo me siento en un codo sillón cerca de la cama como a dos metros de mi mujer, Alex mientras con un batín puesto, esta buscando algo en un cajón, al venir junto a nosotros Alex lleva unas cosas en una bolsa de aseo y un pequeño recipiente con agua, abre la bolsa y saca un antifaz sin aberturas, se acerca a ella y sin mediar palabras se lo pone a mi mujer, luego me dice Robert voy a depilar esos pelitos que tiene en su coño, ella lo esta oyendo y suelta unas risas, y dice si por favor que no me gusta tener vello en mi sexo, tumba a Eva con las piernas bien separadas, poniendo un cojín muy alto debajo de su culo por lo que queda alzada de cama y las piernas las sujeta a los barrotes de las dos esquinas, en esa posición esta en posición de parto, tras esto sube a la cabecera y tomando sus manos las sujeta de la misma forma a los dos barrotes laterales de la cabecera, antes de atarla nos a pedido permiso para hacerlo.
Eva esta en medio de la cama totalmente desnuda y abierta con los ojos tapados por el antifaz que el le a puesto, Alex de la bolsa saca un cilindro plateado de unos 5centimetros en su parte mas fina, y de 8 en la mas gruesa de diámetro en forma de cono, es un consolador con mando a distancia y en la punta lleva un embolo que funciona como un muelle sacando la cabeza o metiéndola , controlada por el mando, me dice Alex, es como una polla a control, saca un frasco con un aceite de color sangre que vierte sobre su pubis escurriendo por los labios vaginales hasta perderse en la entrada de su culo, el contacto del aceite le hace emitir un gemido por la sensación que le causa, es un liquido refrescante y con una densidad parecida el aceite, toma el cilindro y por la parte mas fina lo coloca entre los labios vaginales penetrando poco a poco hasta entran mas de la mitad, unos 15 centímetros están ahora en el coño de mi mujer, el saca los labios vaginales para así poder rasurar el vello, para que el cilindro no se salga con un arnés lo sujeta a las piernas firmemente, lo que provoca que el cilindro se meta casi 5 centímetros mas dentro de su coño.
Ya fijo en su coño y los labios separados por el cilindro que la penetra, saca una navaja de barbero y con la ayuda del liquido la va rasurando entre espasmos de placer que no para de emitir mi mujer, una vez limpio de vello su coño, tirando mas de las ataduras de los tobillos separa los glúteos dejando su culo abierto y ahora introduce un consolador en su culo provocando que ella pegue un grito del susto, la pregunto que si es que le ha hecho daño y me dice que va, es que me acabo de correr por segunda vez, yo mientras miro atento los movimientos de Alex, que mientras termina su labor depilatoria con mi mujer, una vez limpio totalmente de vello, la deja caer sobre su sexo y ano un liquido azulado que ella al sentirlo sobre su piel no puede evitar dar un gemido de placer.
Alex lleva los utensilios de afeitar al baño y me dice, Robert ven conmigo, mientras Eva se relaja a tomar otra copita, OK Alex, así nos vamos al salón donde esta el bar. Y la dejamos sola, en la sala al darme la bebida me dice, mira la pantalla, yo dirijo ,i vista a la pantalla y en ella esta mi mujer moviendo sus caderas lo que le permiten sus ataduras, el me dice ya veras que pronto se correrá de nuevo, no me cabe duda de ello, por los gestos que ella esta haciendo no le tardara en venir un orgasmo, y además se la oye gemir de gusto.
Las imágenes van cambiando de ángulo, pues tiene diversas cámaras que controlan cualquier mínimo detalle de lo que sucede en la habitación, sea donde sea, al enfocar una la zona genital de mi mujer, se puede ver que el consolador que tiene en su coño la esta follando a placer, nuestro amigo me dice que le falta un pequeño detalle, espera y veras, en eso mi mujer suelta un grito de los que ella suele dar cuando se corre salvajemente, Alex esta desde aquí controlando el consolador, me dice cuando se ha corrido el consolador tenia la cabeza dando mete y sacas hasta los 25cm, lo que la estaba volviendo loca, pues lo tenia dando en el fondo de su coño, me dice ahora esta parado para que se relaje.
Perdona un momento, y me deja bebiéndome la copa solo, y viendo la pantalla en la que Eva se la ve esplendida y tranquila, ahora ya no la veo, pues ha cambiado la imagen y estoy visionando un video de unas chicas jugando en una piscina, la piscina de la casa, pues se ve perfectamente que es esa, las chicas se besan y acarician a placer, trascurren muchos minutos de lindas imágenes donde el sexo es el plato fuerte, por fin llega Alex y me dije que te gustan? Claro a quien no? Pues son unas amigas mías de " Juegos " AH pues están de miedo.
Alex me cambia la copa por otra llena y me dice……..vas a ver una escena nueva………….
Continua

Contactos en la WEB I


Autor: Voz Amiga


Hola Amigos, somos Eva y Roberto de Madrid, nos conoceréis por alguna otra vivencia publicada en esta Web, y como breve presentación, tenemos 28 años Eva y 46 años Roberto, ella es de170y pico de estatura, buen cuerpo y unos pechos muy apetecibles de talla 95 firmes y duros, muy sensibles, Mult.-orgásmica y caliente, yo mas alto 178 fuerte y cuerpo cuidado, y según dicen las que la han probado una buena polla de 20cm casi, con mucho aguante y sobre todo gruesa y dura.

Somos una pareja muy liberal con la mente clara que nos gusta gozar de nuestros cuerpos y del buen sexo, siempre dentro de la seguridad e higiene que es natural para vivirlo sin problemas, vamos lo que se dice SEXO SEGURO.

Como es habitual en mi suelo revisar mi correo electrónico cada mañana al comenzar la jornada de trabajo, tengo varios correos basura y dos de la pagina de contactos donde tenemos un anuncio para contactar con gente afín a nuestros gustos, o que nos puedan interesar conocer, reviso ambos mensajes y leo sus perfiles donde dicen lo siguiente como presentación………..


Hola, como dice nuestro nick somos un trío estable y liberal de Madrid, y cuando decimos estable es que cuando quedamos con alguien lo hacemos los tres juntos. Estamos en los 40 así es que no busquéis cuerpos de anuncio ni cabezas huecas, aunque si queréis conocernos vosotros mismos podréis juzgarnos. Somos limpios, discretos, agradables, con saber estar, y sobre todo.......que no nos gusta el sexo a saco sin mas, nos gusta reírnos y pasárnoslo bien en todo momento y que quien esté con nosotros se encuentre tan a gusto que al final terminemos todos disfrutando de buen sexo sin mirar el reloj. Buscamos chicas bisex o heteros y parejas ídem CHICOS SOLOS; CAZAFOTOS; Y LOS DE SIEMPRE ABTENERSE.

La verdad es que me gusto lo que ponían y vi. una foto que tenían en su perfil, hummmmmm no esta mal puede servir, quien sabe, me había llamado la atención lo claro que ponían lo que eran, un trío, ósea los tres juntos, la edad no era lo importante, pero estaban dentro de nuestros gustos en ese tema, gente que sabe lo que quiere y busca, se lo comento a Eva y me dice que esta de acuerdo, así que les escribimos y les damos un móvil y una dirección para conocernos, en la tarde ya me habían llamado al móvil y habíamos quedado en conocernos el jueves por la noche y tomara unas cervezas en una cafetería céntrica de Madrid.

El jueves sobre las 21:30 estábamos sentados en una mesa en la cafetería tomando Eva un refresco y yo una cerveza, cuando vemos acercarse dos hombres y una mujer a nosotros y nos preguntan… ¿sois Eva y Roberto? Así es les respondo yo, mientras todos nos miramos mutuamente haciendo un análisis de cada uno de nosotros, ellos a la vez se han presentado y vamos conociendo como se llama cada uno, el mas lanzado nos dice, mirar esta es mi mujer Diana y este es mi amigo Pablo y yo soy Fran, ella 37 años de la misma estatura que Eva algo mas entradita en carnes, con una sonrisa muy picara, pelo rubio a media melena, ojos marrón claro, labios gruesos y marcados, y con un busto generoso y firme talla 105 pensé.

Vestia, una falda corta color negro con una blusa blanca muy fina que se cerraba con tres botones, dejando a la vista el comienzo una buena parte de sus bonitos pechos, Pablo tenia 39 años, un tío fuerte con 1.88 y bien formado con una buena musculatura fruto del deporte que practica a diario pues era preparador físico de una empresa de seguridad que posee, ojos negros y pelo corto del mismo color, piel morena y manos grandes, y por ultimo Fran de 47 años también alto de 1.91 peso similar al de Pablo, ojos azules claros y pelo corto de color moreno, ambos vestían de sport pero con clase, muy educados y simpáticos es lo que nos parecieron los tres.

Estuvimos tomando algunas cervezas, mientras las chicas tomaban unas coca-colas, charlando animadamente en pocos minutos parecía que nos conocíamos de mucho tiempo.

Fran propuso que podíamos ir a cenar a un restaurante que conocía donde podríamos estar mas cómodos y tranquilos y así poder charlar mientras degustábamos una buena cena en un ambiente muy grato, pues tenían una pequeña orquesta que amenizaba a los comensales, tocando las piezas que se les pedía, y para allá que nos desplazamos todos en nuestro coche que dispone de siete plazas.

Mientras conduzco por las calles de Madrid en dirección al restaurante guiado por Fan que se ha sentado de copiloto y es quien mejor conoce el sitio, en el asiento de atrás se han sentado a cada lado de Pablo Diana y Eva que no paran de reírse con los chistes que les cuenta, algunos subiditos de tono, yo mientras les veo por el retrovisor y veo como Pablo besa a Diana en la boca que le corresponde con naturalidad, Eva me esta mirando por el espejo y me guiña el ojo, a lo cual yo le devuelvo el guiño con una sonrisa, así a los pocos minutos estamos entrando en el aparcamiento del restaurante situado en la carretera de la Coruña a unos 20 kilómetros de Madrid.

Un empleado nos recoge las llaves para aparcarlo y nosotros nos dirigimos al interior del restaurante, Eva me dice que si no me había dado cuenta de lo que hacia Pablo detrás, pues no la verdad, pues además de besarse con Diana, sus manos no paraban de moverse metiéndolas entre sus piernas y las mías y le ha quitado sus braguitas y ha intentado hacer lo mismo con las mías, pero no le he dejado, pero no he podido evitar que su mano me acaricie mi sexo por debajo de las braguitas, incluso ha llegado a introducirme varios dedos dentro haciendo que me pusiera cachonda con sus caricias en mi interior y me mojara del gusto que me estaba dando.

Esos comentarios hicieron que me fijara mas en Pablo, el tío no quería perder el tiempo, ya dentro del restaurante, la cena fue muy amena y agradable, parecía que nos compenetrábamos todos muy bien y eso se notaba solo con vernos, tras brindar con una copa de cava nos levantamos para ir a una discoteca que era de unos amigos de nuestros nuevos amigos.

El local estaba casi a oscuras y solo la luz de unas velas sobre las mesas, hacia posible avanzan, tenia una pista en el centro y a los lados las mesas con unos butacones recorriendo casi todo el local, dejando así visible la pista de baile, a ambos lados de la pista había dos plataformas como de un metro de altura y dos de diámetro y encima de ellas ambas bolas de espejo con luz que iluminaba la plataforma y despedía destellos a todo el local., tras saludarnos un señor que parecía el dueño nos acomodo al final del local en una zona si cabe aun mas oscura desde donde se dominaba todo el local..

Desde luego se notaba que conocían bien el sitio, pues a los pocos minutos Fran se levanto y le dijo a Eva que quería enseñarle el local, mientras esperábamos las copas que no tardaron en servirnos una chica esplendida de figura y con unos pechos de los que te dejan bloqueado, bien formados y firmes y con unos pezones que pedían a gritos que los acaricien, las camareras lucían solo unos short que cubrían lo justo de un cuerpo esplendido dejando la parte superior al aire para alegrarnos la vista a cuantos estábamos allí, Fran llevo a mi mujer por diferentes estancias mostrando sus instalaciones hasta llegar a una habitación montada con sumo gusto, tenia una inmensa cama, el techo era de espejo y las paredes también estaban forradas de espejo, en un rincón una gran bañera de hidromasaje con escalones dentro y fuera para facilitar su uso, Fran sin que Eva lo esperara la abrazo y presionadota contra su cuerpo la empezó a besar en la boca con energía mientras que la sujetaba con un brazo inmovilizándola con la otra mano acariciaba todo su cuerpo, recorriéndolo sin ninguna contemplación, acariciaba su trasero y metía su mano por debajo de sus minúsculas braguitas y siguiendo la tira de la misma hasta llegar a su coño que acaricio por encima jugando con su corto vello pubico, haciendo presión sobre entre sus labios vaginales metió primero un dedo y luego otro mas.

Eva gemía del placer que sentía con esas caricias mientras correspondía a su s besos sin ya ofrecer resistencia alguna a lo que Fran le hacia, el notando que ya no se oponía a sus caricias aflojando su presión sobre ella, deja que se separen sus cuerpos unos centímetros y el sin apartar su mano del coño de mi mujer, con la otra mano libre suelta los botones de su blusa y le quita la misma que cae a sus pies, ella lleva un sujetador negro que hace mas apetecibles sus pechos de los cuales muestra una buena parte de ellos, Fran suelta la falda de ella y ahora Eva en ropa interior acaricia el cuerpo de Fran mientras va soltando los botones de la camisa quitándola y soltando el pantalón que cae a los pies de el quitándoselos con un leve movimiento de sus piernas Fran con un bóxer como una prenda luce una tremenda erección que hace que ella le acaricie su polla por encima de la prenda aumentado mas aun su abultada erección.

Fran cogiendo a Eva en sus brazos la deposita en medio de la cama, el contempla su cuerpo y se acerca a su cara para besarla con pasión y deseo a la vez que le acaricia su cuerpo desde la nuca a su entrepierna lo que hace que Eva suelte algún que otro suspiro de placer, sus labios besan su cuerpo desde la boca bajando hasta llegar a sus pechos que besa por encima de la prenda y acaricia con sus manos, con una mano separa la prenda para llegar a su piel directamente y puede así besar sus pezones jugando con ellos con su lengua lo que produce una reacción inmediata en ellos, aumentando su erección y dureza entre los labios de Fran, con una mano suelta el sujetador y lo retira sin mas admirando sus pechos ahora sin nada que los oculte a su mirada de deseo.

Ella mientras el juega con sus pechos y le esta acariciando su coño con una mano que le esta dando un tremendo placer, haciéndole una masturbación del coño metiendo en el varios dedos como si la estuviera follando con ellos, ella mientras no ha perdido tampoco el tiempo de acariciar su polla que ahora siente en sus manos, caliente y venosa y de un tamaño nada común, pues son 22cm. De carne que vibra y palpita entre sus manos, con sus manos masajea sus testículos a la par que la polla que esta soltando un liquido preseminal, señal de que esta muy excitado con lo que hace con ellos, en estas están cuando sin que ellos se percaten de nada, se abre la puerta de la habitación entrando José el dueño del local de unos 62 años un tipo delgado de 170 de altura, calvo y con una expresión de vicioso reflejada en su cara, quien los observa con deseo y lujuria, acercándose a ellos que no reparan en el, alargando sus brazos y situado a los pies de la cama, coge el borde de las bragas de Eva tirando con suavidad de ellas, sin apenas dificultad se les quita y huele con deleite y se las guarda en un bolsillo de la chaqueta, ella piensa que es Fran quien se las ha quitado.

José mientras se esta desnudando, Eva le baja el bóxer a Fran que este termina de quitarse sin separarse de ella, por lo que no han reparado en la presencia de José, ella sujeta con fuerza su polla haciendo el clásico movimiento de masturbación, de inmediato ellos suspiran del placer que ambos sienten en sus cuerpos, José con sumo cuidado acaricia las piernas de Eva que suelta un gran suspiro de placer al llegar esas manos a su coño, que retiran la mano de Fran para hundir las suyas entre los labios vaginales de ella, Fran girando su cabeza ve a José de rodillas y con su boca a punto de entrar en contacto con el coño de Eva, se guiñan un ojo y le deja seguir, José que ha metido en el coño de ella cuatro dedos, va sacándolos a la vez que separa los labios vaginales de ella hundiendo su cara entre sus piernas y clavando su lengua tanto como puede en su coño, Eva suspira del placer que siente tan profundo en su coño, pero intenta ver que es lo que le produce tanto placer, Fran le dice que no se preocupe que es de confianza y que lo disfrute plenamente, mientras José le esta dando una soberana comida de coño en toda regla.

Fran de rodillas en la cama, acerca a sus labios su polla ofreciéndosela para que se la coma, Eva muy excitada y con una mirada de deseo, sin pensarlo dos veces la besa y poco a poco va metiendo en su boca, nota su calor y las venas de la polla bien marcadas por la gran excitación de Fran, así pasa un buen rato en el que ella nota en su boca el flojo preseminal que va soltando el como efecto de la mamada que ella le esta regalando, el le retira su polla diciéndole que no quiere correrse tan pronto y cambia su polla por su boca, besándola con verdadero deseo, ella no para de suspirar por todo ello, y sobre todo porque en esos momentos le esta viniendo un orgasmo salvaje, efecto directo de la comida de coño que José le esta haciendo.

Con los ojos cerrados e intentando tranquilizarse del orgasmo que acaba de tener, Eva nota que José la deja tranquila soltando su coño y dejando de magrear y penetrar con sus dedos su culo, el cual esta ahora totalmente dilatado, José acercándose a su cara la besa en la boca, ella al sentir que no era la misma persona la que le besa, abre los ojos, pero al ver que Fran esta allí los vuelve a cerrar, José acaricia el cuerpo de Eva, jugando con sus pezones que pellizcan con cierta fuerza, haciendo que Eva se queje, su boca va recorriendo su cuerpo hasta llegar a sus pechos que glotonamente succiona y mama con cierta rudeza mientas Fran se ha sitiado entre sus piernas y con cuidado para no sobresaltarla sitúa su polla entre los labios del coño de Eva que se van separando efecto de la penetración que Fran a comenzado a hacerle, cuando su polla toca fondo en ella, el se queda quieto por unos instantes, para poco a poco empezar a follarla aumentando la velocidad de penetración, ella no para de moverse, intentando que la penetración sea lo mas profunda posible, José poniéndose muy cerca de la cara de Eva.

Primero con unos dedos separa sus labios y hace como que la esta follando la boca, ella le sigue el juego, pero su intención es otra muy diferente, retira su mano de la boca de ella y acercando su polla presiona sobre los labios que se abren dejando que el meta su polla sin ser brusco pero firme, ella nota que no son los dedos lo que tiene en su boca, sino una polla dura y gorda que le folla con suavidad la boca hasta tocar con su campanilla, lo que le provoca una reacción de ahogo y tiene que mover su cabeza para sacar ese trozo de carne caliente que le esta follando la boca, pero el no quiere que ella la saque y cogiendo su cabeza con firmeza, comienza la maniobra de mete saca y es quien marca el ritmo de penetración, ella viendo que no puede evitar que la folle la boca se relaja y participa de esa embestida y se abandona a los placeres que siente, tanto su coño como su otro agujero, la boca, están siendo follados y lo hace gente que sabe muy bien follar, mientras ella siente en sus pezones las manos rudas y grandes de José que los aprieta hasta hacerla soltar algún que otro gemido entre dolor y placer.

Eva ha tenido ya dos orgasmos con la follada que le esta dando Fran y esta a punto de otro mas, Fran le esta diciendo Eva me voy a correr, no puedo aguantar mas…….ahhhh ahhhhh ahhhhh ahhhhh me corrooooooooo ahhhhhh y se corre dentro del coño de Eva que a su vez se desarma en otro orgasmo descomunal que esta teniendo al sentir la leche de Fran correr por su coño inundándolo, José no se ha querido quedar a tras y soltando un alarido se comienza a correr en la boca de Eva que quiere retirar su boca y no tragárselo pero el una vez mas se lo impide sujetándole al cabeza y hundiendo aun mas su polla en la garganta de ella.

Pero mientras eso esta sucediendo, nosotros no hemos perdido el tiempo, pues avisados por Pablo de que Fran y Eva tardarían, nos habíamos metido en otra habitación y estábamos gozando de nuestros cuerpos, mientras esperábamos que mi mujer y Fran se unieran a nosotros.

Eso os lo contaremos en el próximo relato de esta bonita aventura vivida con gran placer, si os ha gustado nos gustaría recibir vuestras opiniones y quien sabe si alguna proposición para vivirla juntos.

Eva y Roberto Continuara……………




Un dia de calor y juegos inesperados


Un DIA de calor y juegos inesperados


Autor: voz_amiga

Cuando Marta y yo llegamos al chalet de Helena, era pasado el mediodía, el calor era insoportable añadido al grado de humedad, el ambiente era prácticamente irrespirable.

Detengo el coche delante del portalon, y hago sonar el claxon y aparece Helena corriendo con una preciosa sonrisa a abrirnos, sacamos la maleta y entramos en la casa. QUE gozada¡¡¡¡¡¡¡ aire acondicionado y un enorme vaso de limonada, que bebimos de un trago. Marta es amiga mía desde hace años, nos conocimos trabajando en un club de Madrid, donde ella tenia un espectáculo de travestismo, si efectivamente, Marta es un precioso travestí, de larga y frondosa cabellera castaña, ojos verdes y firmes y turgentes pechos, en seguida congeniamos y pasamos de servir copas y conocer tipos de una noche, e implantar nuestras propias tarifas.

Hacíamos servicios las dos juntas, o por separado, formamos una curiosa sociedad, y las cosas nos iban fenomenales tanto a nivel amistoso como financiero.

A Helena y a su marido Fer, los conocimos a través de nuestro anuncio en prensa, nos llamaron para pasar un buen rato y entablamos amistad.
Ahora estamos dispuestos a disfrutar un fin de semana lleno de emociones y placeres en casa de Helena y Fer.

Dejamos las maletas en la habitación y con un minúsculo tanguita nos dirigimos a la piscina a tomar un buen baño refrescante antes de la comida, la verdad es que Marta y Helena parecían diosas, con su cabello mojado sin parar de reír, cansadas con la mandíbula a punto de desencajarse, nos fuimos al borde la piscina.

Apoyando los brazos sobre el borde y manteniendo el cuerpo sumergido en agua, Marta se acerco a nosotras y cual seria nuestra sorpresa al notar que sus hermosos 25 centímetros estaban erectos, se acercaba a nosotras y nos lo restregaba contra nuestros traseros, mientras con sus manos nos acariciaba los pechos, con unos pezones duros, tiesos, por el frió del agua y las caricias de Marta, era el éxtasis, notar sus pezones en la espalda sus caricias y su pollon intentando entrar, nos deshicimos de los tangas, ofreciéndola nuestros excitados coños, pero ella no quería coños, quería estrechos culos.

Se fue a por Helena, separo sus hermosos y morenos cachetes empujo con fuerza, Helena grito pero dejo pronto de hacerlo, empezó a jadear y pedir mas, Marta me miro y me dijo, no te preocupes cariño que hay para las dos, se aparto de Helena y vino hacia mi me tomo por la cadera y me la metió a su estilo de un solo golpe, como follaba¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ como bombeaba, Helena acariciaba mordía mamaba sus pezones, se ponía detrás de ella para empujarla mas hacia mi, mientras la decía al oído, rómpela el culo ¡¡¡¡¡¡¡¡, no te lo voy a romper a ti¡¡¡¡¡¡¡¡ se fue a por Helena y enseguida empezó a moverse con mas fuerza hasta que lanzo un grito de placer, y derramo dentro del trasero de Helena toda su caliente leche.

Entre risas y bromas salimos de la piscina, y nos dispusimos, desnudas las 3 a comer, en el postre, a Marta se le cayo un tenedor, era una excusa, para meterse debajo de la mesa, y empezar a comer nuestros cachondos y jugosos coños, su lengua se movía a velocidades de vértigos, buscando la perla escondida, succionando, dando pequeños mordiscos, yo no podía aguantar mas, llevaba cachonda demasiado rato y no aguante mas me vertí en su boca placidamente, cuando abrí los ojos vi. A Helena subida a la encimera de la cocina con un hermoso calabacín dándose placer, lo metía y lo sacaba, con un movimiento rítmico mientas con la otra mano se acariciaba el coño con rabia.

Me levante
La separe las piernas y metí mi cabeza en aquel deleite de sensaciones, estaba empapada, excitadísima, mientras me entretenía con su clítoris, no dejaba de mover aquel calabacín mojado, marta se había apoderado de sus pezones que mordía con saña, dejándolos rojos, a helena le encantaba cuanto mas le mordía los pezones, mas me decía que la follara con fuerza, tire el calabacín al suelo y empecé a follarla yo misma con 3 dedos, estaba dilatadísima, introduje 4 dedos, y como la muy zorra seguía pidiendo mas la introduje sin dificultad todo el puño, que se hundía en su coño como una cucharilla en la mantequilla, de pronto note como su cuño se contraía y acelere la marcha, al poco tiempo Helena estallo en un orgasmo en gritos.

Después de esto rendidas las 3, nos retiramos a dormir siesta y descansar, por la noche llegaba Fer y conociendo la marcha que tiene nos imaginábamos que la noche iba a ser larga.

Estábamos desnudos los 4, nosotras 3 a disposición de Fer, la estancia era grande, una cama redonda puesta a propósito, con luz indirecta, a unos dos metros de la cama y colgando del techo dos largas cadenas con unos grilletes, a mi el primer turno me toco ahí, Fer me puso en cada una de mis muñecas un grillete de modo que mis brazos quedaban hacia arriba suspendidos por las cadenas, no tenia apenas movimiento, solo si me abría de piernas.

Helena no corrió mejor suerte, estaba completamente atada en la cama, boca arriba totalmente abierta de piernas, Fer se ausento unos instantes de la instancia y cuando regreso venia provisto de una bolsa de deportes, cuando la abrió, ante la sorpresa de todos, saco toda clase de artilugios, tomo unas pinzas de aluminio y se vino hasta mi, me beso en la boca, bajo a mis pezones que comía con avidez y cuando me quise dar cuenta, me puso en cada uno de mis pezones unas pinzas, que me oprimían, y me hacían suspirar de dolor, ante mis suspiros solo dijo, cállate zorra y aguanta, luego vendré a darte un repaso.

Se fue a la cama donde su mujer estaba tendida, mientras la comía los pechos y le propinaba toda clase de caricias, mando a Marta excitarle todos sus puntos de placer, le acariciaba su hermosa polla, le tocaba los huevos, se los chupaba, hasta que Fer se puso a 4 patas y ordeno a Marta que le comiera el culo, mientras Marta se afanaba en comerle el culo el le comía el coño a Helena, yo estaba excitadísima notaba como mis jugos rebalaban por mis piernas, la pinzas en los pezones ya no me producían dolor sino un placer intenso.

Cansado de la comida de culo, Fer se coloco encima de su mujer empezando un sabroso 69, a ratos le comía el coño a Helena a ratos le comía la polla a Fer, levanto la cabeza y le ordeno a Marta seguir en su postura, Fer se acerco a mi se sentó en el suelo levanto la cabeza y puso mi hermoso y chorreante coño en su boca.

Mientras me comía el coño me metía un dedo en el culo. Que placer¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡yo veía su polla tiesa, Helena y Marta gemían, gritaban de placer, Fer me repetía que no me corriera y yo luchaba por no hacerlo pero era tanto el placer que termine por correrme, Fer se levanto y me dijo, esta desobediencia me la vas a pagar, y me dejo allí colgada, regreso a la cama miro el culo de Marta, lo sobaba, lo apretaba, ordeno a Marta darse la vuelta, tomo su polla y la llevo al coño de su mujer, hasta que la introdujo, en ese momento Marta empezó a follar a Helena mientras esta le apretaba los pecho, Fer seguí sobando estrujando y azotando el culo de Marta, hasta que se coloco apunto su polla y la metió, empezando así un trenecito de vicio, los 3 gritaban de placer, Fer embestía como una fiera y Helena era la receptora de toda esa fuerza, Marta gritaba de placer ante tan suculento sándwich, estaba penetrando y a la vez era penetrada, no tardaron en explotar en un orgasmo y yo continuaba allí colgada con los brazos doloridos, descansaron durante un rato, hasta que Helena dijo, que deberían descolgarme, que le apetecía comerse un buen coño, y Fer le dijo que no, que antes tenia que pasar por algo, yo estaba como loca por saber que me tenia preparado.

Cuando me descolgó tenia los brazos entumecidos y el coño ardiendo, Fer me dijo que ahora cada uno de ellos 3 me pediría que les hiciera lo que me pidieran, tuve que aceptar poniendo una sonrisa.
La primera en elegir fue Helena, que buscando en la bolsa de Fer encontró un consolador de gelatina rosa transparente gordo y corto con un arnés, me pidió que la follara, el coño y el culo, Marta y Fer se dispusieron sentados en un sofá a ver el espectáculo, Helena me coloco el arnés, y me ofreció su hermoso trasero que sin dudar me dispuse a follar, me pedía mas rápido era una autentica guarra, cuando tuvo el culo bien follado, se dio la vuelta y comencé a fallármela por el coño.

Le llego el turno a Marta, que viendo lo cachonda que yo estaba pidió un 69, ……………………………………………

Cuando le llego el turno a Fer, yo ya estaba cansada, me miro me agarro el pelo y me dijo, todavía vas a estar mas cansada, hay va mi deseo, en unos minutos van a aparecer 5 fornidos chicos, que te van a follar a la vez, los conozco del gimnasio, les debo algunos favores y he pensado que tu, vas a ser el pago. Yo suplique, pedí y llore que no podía mas, no podía hacérmelo con 5 tíos a la vez, pero me dio igual, al instante entraron en la habitación los 5 tíos, grandes.

De potentes músculos, yo pensé que me triturarían, iban totalmente depilados y desnudos, solo unos antifaces cubrían sus rostros, Fer me subió a la cama, con las rodillas en el colchón, los 5 hombres no dejaban de acariciarme, sobarme, cada uno por un lugar, estaba todos empalmados, y si una polla era grande la otra era mayor aun. Uno de ellos se tumbo me subió encima y sin compasión me clavo su rabo en el coño, otro se dispuso detrás mientras el tumbado me abría el culo el otro la metió de un golpe seco, otro se acerco a mi cara me cogio por la cabeza me metió la polla en la boca, mientras los otros dos me pusieron su rabo en la mano, pasados unos minutos decidieron rotar para así todos estar en todas la posiciones.

Fer se acerco y les dijo que se corrieran todos en mi coño que luego el me follaria y le gustaría que su leche quedara por encima de todas, mientras en el sofá, Marta Fer y Helena hacían un estupendo bocadillo tenia a Helena empalada los dos, se les oía gritar, yo no recuerdo cuantas veces llegue a correrme solo me sentía como una autentica zorra 5 tíos imponentes follandome a la vez corriéndose en mi coño uno detrás de otro, cuando terminaron, Fer los despidió y ellos les dieron las gracias por un espectáculo tan divertido y tan placentero.

Llego el momento en que Fer debía follarme, se monto encima MIA, me la clavo y me dijo que tenia el coño, lleno de leche, eso le excitaba sobremanera, estaba muy excitado y como ya se había corrido varias veces en poco y el poco tiempo pasado de la ultima, ahora aguantaba mucho para correrse, pero el morbo y la leche que salía de mi coño y viéndome como estaba exhausta de tanto sexo que había tenido con los 5 chicos, debieron ser mas que suficiente para derramarse en mi coño , mezclandose su leche con la de los que antes se habían corrido en mi coño, salía leche por mi coño ya mas que abierto, y así después de tanto sexo nos quedamos dormidos por el cansancio y el placer reflejado en nuestros cuerpos.

Esperamos que os haya gustado y que vuestra mente haga el resto…………




Fuego en el Cuerpo


FUEGO EN EL CUERPO
Sonrió al oír que se abre la puerta del garaje, acabó apresuradamente lo que estoy haciendo en la cocina, me quitó el delantal y acudo deprisa al salón, esperando encontrar allí a Roberto, mi marido, y a Pablo, más de diez años mayor que mi marido y que ella lo quería como a un padre.


Pero al verlos se quedó parada porque venían acompañados de otros dos hombres, miró a su marido con una forzada sonrisa y éste se apresuró a disculparse por no haberla avisado que serían dos más a cenar, que eran dos jóvenes doctores que habían colaborado en el seminario de neurocirugía que había dirigido. Le presentó a Samir, que tenia 39 años, y mientras se estrechaban la mano Eva se sintió atraída por los azules ojos del otro, en aquel instante se dio cuenta de que estaba mirándole las piernas, e interiormente maldijo a su marido por no haberla avisado, pues entonces no llevaría puesto el precioso vestidito que tanto le gustaba a él, uno de los que tan sólo conseguía que vistiera en la intimidad del hogar. Vestido de tirantes, generosamente escotado, y sobre todo, algo que encantaba a Roberto era que este transparentaba levemente. Roberto le decía que era un vestido normal y precioso, pero ella de por sí casi siempre sentía vergüenza de cómo la miraban e importunaban a la mínima oportunidad. Aun estando en casa, para disimular el efecto, se había puesto unas braguitas del mismo color que el vestido por la presencia de Pablo, para no tener que sentirse avergonzada. Seguidamente le presentó a “ojos azules”, John, de 43 años, rubio y muy atractivo, y Eva también se dio perfecta cuenta de cómo le repasó el escote antes de mirarla a los ojos, Eva le aguantó la mirada un eterno instante y ahora sintió algo más que atracción, y hasta se estremeció cuando Joan le cogió y besó la mano, y John percibió en sus labios el estremecimiento de Eva.


Sintiéndose aún más ruborizada de lo que estaba se fue de inmediato a su habitación, y aproximándose a un armario se subió el vestido hasta la cabeza agitándose como una serpiente, quedó parada, indecisa, con los pechos desnudos y unas preciosas braguitas de color azul celeste, se dijo que haría el ridículo cambiándose ahora, lo soltó, se lo ajustó a los pechos y se estiró la falda, y se cambió las zapatillas por unos zapatos con tacón del mismo color que el vestido, y salió de la habitación con el estómago encogido y una inquietante sensación de vulnerabilidad, pensando en que mejor sería fingirse indispuesta y quitarse de en medio.

Mientras iba preparando la mesa no podía evitar mirar a John, se recriminaba por ello pero seguía haciéndolo y se daba cuenta de que Joan también aprovechaba cualquier circunstancia para mirarla, y Eva se asustaba por las intensas sensaciones que la asaltaban y avergonzaban.
Sonó el teléfono y resultó que el Hospital requería urgentemente al marido. Roberto se disculpó ante todos, y mirando a su esposa les dijo que los dejaba en buenas manos, y antes de salir se disculpó con su esposa diciéndole que se vio obligado a invitarles, la besó y le prometió una buena compensación.

John la miraba con más libertad, y Eva se sentía cada vez más alterada y asustada, avergonzada por su propio comportamiento, por no cortar aquello de raíz, estaba nerviosa, le temblaban las manos y servía torpemente la mesa. Pablo y Samir fueron a la biblioteca del despacho de Roberto y John se arrellanó en un sillón desde donde podía verla bien mientras iba y venía de la cocina, y así se complacía observándola descarada y provocadoramente. Eva estaba ultimando la mesa y se obligó a ignorarlo porque si lo miraba se sentiría en la obligación de tener que llamarle la atención o algo más. Pasó por delante de él en dirección a la cocina, se detuvo y giró la cabeza para comprobar algo de la mesa, pero vio a John mirándole el culo, y que desvergonzadamente seguía haciéndolo, de forma ofensiva, y queriendo mostrarse indignada se giró y quedó mirándolo de frente, pero la emoción que la embargaba le impedía recriminarlo, John disfrutaba ahora mirándole las piernas y ella tampoco podía moverse, John la miró a los ojos y eso ya provocó que reaccionara: miró hacia la mesa y titubeó entre volver o seguir, desconcertada, se esforzó en recordar para qué se había girado, pero la intensidad de las sensaciones la mortificaban y sintiéndose sofocada por intensos ardores que la encendían volvió a girarse con torpeza, dudando, sin determinarse a ir o volver, alterada por aquellos ojos que la penetraban y le aceleraban el corazón.

John se espabiló para tomar asiento frente a Eva. Ellos cenaban y conversaban animadamente mientras que Eva apenas comía y se mostraba ausente. John intentaba hablar con ella, pero Eva se mostraba esquiva y le contestaba con monosílabos, parecían desprecios y John no tuvo más remedio que desistir.
John no le dirigía la palabra pero sí las miradas, y Eva cada vez se iba quedando más indefensa. El corazón de Eva galopaba y tenía la sofocante sensación de tener los senos prácticamente al desnudo cuando John se fijaba en su escote. Seguía sin apenas comer pero ya iba por la segunda copa de cava, y así se iba calmando su nerviosismo, sintiéndose mejor porque también se iba calmando su atormentada conciencia. Estaba incómoda y pensando en ir al lavabo a refrescarse y ponerse un salva slip. Dejó de pensar en sus braguitas y de forma irreflexiva y con nerviosa pronunciación entró de repente en la tertulia porque se sentía animada y ya no podía seguir resistiéndose al placer de hablar con Joan.
Eva no paraba de sorber el cava mientras conversaba sobre todo con John, y enseguida ambos consiguieron establecer su particular conversación. Eva se sentía cada vez más seducida y dejaba volar su imaginación, y el vientre se le endurecía por el acentuado gusto que sentía cuando se miraban a los ojos.

Habiendo acabado de cenar se levantaron de la mesa, se dirigían al salón anexo al comedor y Eva se tambaleaba por momentos, y al bajar un pequeño escalón que dividía ambas estancias perdió la verticalidad y John estuvo presto a auxiliarla sujetándola. La cogió en brazos pero aprovechando para meter la mano por dentro de la falda. Eva cerraba los ojos y se deshacía de gusto sintiendo la inquieta mano de John acariciándole la intimidad. La sentó en el sofá y retiró lentamente la mano, resistiéndose a dejar de tocarle el culo y quedándole al descubierto buena parte de los muslos, entonces ella inspiró profundamente y entreabriendo los ojos dijo que la perdonaran. John se había sentado a su lado y la rodeó con un brazo, diciéndole que no tenía importancia, que había comido poco, que descansara y no se preocupara de nada, y Eva recostó la cabeza en el brazo de John, y apoyó la mano derecha en su pecho.
Su amigo del alma, Pablo, soltero por vocación, le estiró la falda, aunque antes de hacerlo se unió al coro de admiradores, hasta obligarse a estirársela lentamente, pero aún así le quedaron al descubierto una parte de los muslos, y se fue a la cocina, turbado, para prepararle un café bien cargado. John y Samir estaban subyugados observando las piernas que Eva mantenía pudorosamente apretadas, deseando que las abriera, deseándola a ella.
La mano de Eva se desmayó sobre la entrepierna de John, y éste miro a Samir, sorprendido, y seguidamente miraba la mano y otra vez a Samir con incertidumbre, como preguntándole qué debía hacer, pero Samir sólo prestaba atención a la actividad de la mano sobre el abultado “paquete”, dudando aún de si era lo que parecía. El pecho de John oscilaba casi jadeando, y éste reaccionó acariciando la cabeza de Eva con la mano que tenía en su espalda. La bragueta se tensaba cada vez más, y por fin la mano presionó y siguió acariciando, John encogió el estómago, asustado. John miraba alternativamente la mano y a Samir con la boca abierta, Eva abrió la mano, y así plana la mantuvo indecisamente unos instantes y volvió a subirla al pecho de John. La respuesta de Samir fue agachar la cabeza para intentar ver por dentro de la falda, y John, de forma vacilante puso la otra mano en la rodilla de Eva, sus piernas temblaron al contacto, y aunque sin separarlas dejó de mantenerlas apretadas. John miró a Samir y éste le indicó que le metiera la mano. John se decidió y fue introduciéndola lentamente entre los muslos, reptando en íntimo contacto con la parte más tierna de ambos muslos mientras que ella los abría lo justo para franquearle el paso, con interrupciones cuando John negaba con la cabeza mirando a Samir, como diciéndole que no podían seguir adelante. La punta de un dedo por fin hizo contacto con las bragas y Eva suspiró y se abrió de piernas un poco más, y la yema del dedo fue rozándole suavemente por la parte más húmeda de las bragas. Samir, que ya se había sentado al otro lado de Eva, decididamente le arremangó completamente la falda, y ambos permanecieron quietos observando lo descubierto con admiración. Samir le tocó los muslos con glotonería, separándole un poco más las piernas. Los dedos de John volvieron a cobrar vida y lentamente se introducían en las bragas con la palma sobre el muslo, hasta llegar a cubrirle el coño con las yemas de los dedos, acariciándola él con delicadeza. Samir había desplazado una mano hacia el culo y la metió por dentro de las bragas. Eva gemía suavemente, de forma entrecortada porque se estaba reprimiendo. John ya le rozaba y separaba los labios vaginales y ella agudizaba los gemidos, aunque seguía reprimiéndoselos, y enseguida le apretó y friccionó el coño metiéndole toda la mano en las braguitas, provocando que Eva ya gimiera de forma más fluida. John miró turbadamente a Samir, con la respiración acelerada, le acariciaba circularmente toda la vulva y Eva gemía con más agudeza, como sufriendo. La penetró y movió los dedos dentro de la vagina y Eva aún se abrió más de piernas. Le inclinó la cabeza hacia arriba para mirarla estrechamente a los ojos, los tenía cerrados, pero sintiendo Eva su aliento en los labios los abrió y John aprovechó de inmediato la invitación. La morreaba y ella lo cogía por la nuca y movía la pelvis al compás del vaivén de la mano, y a Eva se le deshacían la lengua y todos los labios. Morreándola sin tregua sacó la mano de las bragas, y se abrió la bragueta y se sacó la polla, que bien erecta mantenía la verticalidad. Allí llevó la mano que Eva tenía en su nuca, y Eva se la cogió sin dudarlo, se la apretó con fuerza y John se exclamó como desinflándose. Eva empezó a frotársela moderadamente en toda su extensión y John recostó la espalda disfrutando que lo masturbara sin prisas y apretujándosela rotando la mano. Samir la cogió por la nuca y la inclinó sobre la entrepierna de John, Eva tampoco lo dudo un instante, entreabrió los ojos, inclinó la polla hacia su boca y se metió dentro el glande, y chupándole bien aquella parte tan sensible John se exclamaba y echaba las manos hacia atrás.

Eva disfrutaba ciegamente: se la mamaba y exprimía con la mano. Se estaba acelerando y John tuvo que separarla de la polla, le enderezó el cuerpo y volvió a besarla con poca convicción, pero ella se separó y se echó sobre la polla, y John puso las manos sobre su propia cabeza y le dijo a Samir que esa mujer podía con él, que así no podía aguantar. Eva disfrutaba mamándosela vorazmente, profundizándola de vez en cuando, intentando metérsela dentro tanto como podía, y John jadeaba con expresión de dolor, y ahora con los brazos agarrotados y clavados en el sofá intentando librarse de la excitación, pero no tuvo más remedió que sujetarle la cabeza, refrenado sus movimientos, sintiéndose muy enojado consigo mismo, y echó la suya hacia atrás para no ver cómo se la mamaba, apoyando la nuca en el respaldo e intentando evadirse, sin dejar de sujetarle la cabeza. Samir estaba impresionado observando la excitada mamada de Eva, se abrió la bragueta y se sacó la verga mirándolos con lujuriosa impaciencia, y aunque haciéndose una paja siguió metiéndole mano, le apretujó un muslo, y como veía que John no estaba para más alegrías aprovechó para hacerse con el coño: metió decididamente la mano dentro de las bragas y agresivamente la ensartó con dos dedazos, provocándole una fuerte y asustada inspiración por la repentina impresión. Samir siguió moviéndolos en vaivén y Eva empezó a oscilar la pelvis, la complacía penetrándola con los dedazos y de forma que le iba rozando el clítoris con el pulgar. Las exclamaciones de Eva aumentaban porque sentía la proximidad de un orgasmo. Pablo estaba agazapado en el umbral de la puerta, observando, y entonces, cuando Eva empezaba a exclamarse libremente se acercó lentamente hacia ellos, se detuvo enfrente, y miraba boquiabierto, y evidentemente empalmado. John y Samir sonrieron al verle, con la bragueta apuntalada, pero también lo miraban esperando su reacción mientras Eva volvía a mamarla sin reservas ahora que había cesado la sujeción de su cabeza, contrastando la quietud de ambos con la agitación de ella, que incluso oscilaba aún más la pelvis reclamando la estimulación de los dedazos, esperaban y temían la reacción de un hombre tan alto como Samir pero aún más corpulento. Pablo miraba a Eva con excitación, y como un autómata se limitó a dar unos pasos para sentarse en un sillón, sin perderse detalle y desde el que podía observarlos bien. Eva movió la pelvis elevando el culo y Samir reanudó la estimulación. John le acariciaba la espalda y la cabeza, y volvía a impresionarse observando con qué voracidad se la estaba mamando. Samir sacó la mano, y resguardándose la verga le dijo algo a John, y éste elevó la cabeza de Eva y se la apretó contra el estómago, respirando con alivio. John se puso de pie y la cogió en brazos con dificultad, costándole levantarla. Samir le propuso a Pablo que se uniera a la “fiesta”, pero éste ni parpadeó y permaneció sentado. Con Samir por delante encontraron la habitación de matrimonio. Al entrar y cerrar la puerta Eva abrió los ojos, se hizo soltar y se puso en pie, retrocedió de espaldas y de forma insegura, John avanzó y la sujetó de los hombros mirándola a los ojos, fue acercándole la cara hasta besarla en los labios, Eva los abrió y se enzarzaron abrazándose y morreándose. John quiso abrirle la cremallera del vestido, no cedía y se la desgarró un poco, dejó la cremallera y le desplazó los tirantes, los arrastró por los brazos, le arrastraba el vestido hacia abajo, pero antes de descubrirle los pezones se detuvo unos instantes para disfrutar plenamente del momento, y tiró lentamente hasta que brincaron los pezones y ambos pechos salieron del vestido y quedaron espléndidamente desnudos. Volvió a detenerse para regocijarse observando la belleza de sus encantos, sus gruesos y excitados pezones, y a dos manos le acarició los pechos y le vapuleó los pezones con los pulgares. Eva había cerrado los ojos y suspiraba con excitación. John metió las manos por los costados, por dentro del vestido, y las fue bajando, desnudándola, fijándose en cada detalle, y dada su posición aprovechó para chuparle un pezón mientras sus manos pasaron por las caderas arrastrando el vestido hasta que cayó al suelo. John levantó la cabeza para verla mejor y entonces Eva quiso besarlo, pero John la sujetó para mantenerla separada y así poder verla como quería. Luego volvió a tocar aquellos pechos que tanto le habían atraído y excitado anunciándose en el escotado vestido. Disfrutaba acariciándole los pechos y a Eva le costaba reprimirse las ganas de cogerle de la polla y arrastrarlo a la cama para tirárselo. Joan se fijó en uno de los erectos pezones y se inclinó para besarlo y chuparlo más detenidamente, excitándose tanto que no mesuró la fuerza al mordérselo. Eva se dolió y reaccionó cogiendo y estrujándole tanto la polla que Joan también se dolió y encogió el vientre, y sin separar las manos de los pechos se enderezó y la morreó. Samir estaba agachado detrás de ella y ya le había bajado las braguitas y le estaba tocando, besando y mordiendo el culo. Le sacó las braguitas de los pies, y subió una mano entre sus piernas, acariciando hasta llegar a cubrirle el coño. Joan la separó para desnudarse y entonces Samir se puso en pie y aprovechó para apoderarse de Eva, la giró hacia él y le acarició los pechos. Eva miraba hacia abajo observando ensimismada la intimidante verga que la apuntaba. Samir disfrutaba magreándola a la vez que la besaba por la cara, dirigiéndose a sus labios, Eva iba a cogerle aquella verga que le parecía desmesurada en el mismo instante que sintió la lengua de Samir en su boca, y de forma instintiva lo rechazó y se giró y se abrazó a Joan, que ya le quedaba solamente el slip puesto. Samir se enfadó y tiró con fuerza de su cadera, separándola de Joan pero sin conseguir que deshiciera el abrazo, pero la forzó más y consiguió doblarle la espalda, se cogió la verga para tirársela por detrás mientras que Joan la sujetaba de la cabeza, como para que se la mamara. La verga de Samir contactó con la vulva pero Eva reaccionó echándose hacia el estómago de Joan y consiguiendo que Samir errara la fuerte embestida y que se la clavara en una nalga. Eva se enderezó y se giró con mal genio y le dio tal empujón a Samir que habría caído de espaldas de no ir a parar con la espalda arqueada contra un armario. Volvió a girarse y miró a Joan jadeando con los labios abiertos, deseándolo, se abrazaron casi violentamente. Le pidió que echara a Samir de la habitación, pero Joan se limitó a decírselo y Samir no le hizo caso. La cogió en brazos y Eva se aferró a su cuello y lo morreó mientras la llevaba y dejaba sobre la cama, se abrió de piernas y brazos, dispuesta a recibirlo profundamente, Joan se moría de excitación y casi se arrancó el slip, se echó entre sus piernas y brazos y la penetró bruscamente, haciéndola gritar. La penetró varias veces más con la misma contundencia y enseguida se refrenó por miedo a correrse.
La miraba con emoción, sintiéndose afortunado por estar follándose a una mujer tan preciosa y ardiente, sintiéndose también sobreexcitado por la diferencia de edad, y su mayor deseo era poder satisfacer a una mujer tan experimentada como le estaba pareciendo, y con ese pensamiento la acariciaba y besaba y follaba tranquilamente, manteniendo el control. A Eva le había encantado el fuerte arranque de John y ahora le sabía a poco tanta mesura, estaba encendida y deseaba fuego, y abriéndose más de piernas y ofreciéndole más coño lo abrazaba por la espalda y por el culo incitándolo a penetraciones más apasionadas. John también deseaba romperla de gusto pero en absoluto quería correr el riesgo de parecer inexperto por una incontenible eyaculación, y seguía follándola pausadamente. Eva no pudo reprimirse y enseguida la “dulzura” de John fue barrida por el excitado furor de Eva, que apoyando los pies en la cama y trincándolo del culo se hacía penetrar imprimiendo fuertes movimientos de cadera. John quedó desconcertado porque se sentía incapaz de apaciguar la torrencial excitación de Eva, y no acababa de asimilar que ahora fuera Eva la que se lo estaba follando. Eva se movía con nervio y fuerza, con todo su cuerpo en tensión, agarrándolo de las caderas y moviéndoselas con suma facilidad. John se sentía dominado y frustrado, y no podía hacer más que dejarse pasivamente, y aun así temía correrse de forma prematura por la excitación que Eva le provocaba. Eva lo apretó fuertemente del culo y lo hizo rodar colocándose encima y sin deshacer la penetración, flexionó las piernas hasta arrodillarse y se desbocó cabalgándolo, golpeándole el sexo y haciendo crujir la cama con sus desplomes. John seguía desconcertado y sin capacidad de reacción ante la forma con que Eva se lo estaba tirando, imprimiendo un ritmo que para John era enloquecido, y hasta peligroso porque temía por la integridad de su masculinidad y procuraba mantenerla en la dirección adecuada para que Eva acertara en las penetraciones. Seguía llevando su pensamiento lejos de allí para poder aguantar sin eyacular, y aparte de frustrado se sentía ridículo ante Samir por la dominación a que era sometido. Samir sólo pensaba en que llegara su oportunidad y en disfrutar del espectáculo. Eva ya presentía la proximidad de su orgasmo y eran tan intensas las sensaciones que ni se atrevía a seguir, estiró las piernas y lo sujetó para volver a rodar poniéndoselo encima, manejándolo como un muñeco, queriendo que John siguiera y la obligara a morirse de gusto. John seguía sin encontrarse a sí mismo, Eva siguió tirándoselo y no tardó en llegar a tal acumulación de placer que se agarrotaba, que desfallecía de gusto, con sensaciones tan intensas que hasta temía al orgasmo, deseando y necesitando que ahora él la obligara a reventar de gusto, necesitando que él tomara el relevo porque ella se sentía incapaz de soportar tanto gusto, tenía que ser obligada a tragarse el gusto, y abriéndose al máximo de piernas y cogiéndole la cara le susurró unas afrodisíacas palabras para espolearlo: “dame John, por dios, ahora tienes que darme mucho, dámelo todo, mátame de gusto, John.” John no se arrojó cuesta abajo, pero empezó a darle con cierta alegría. Volvía a sentirse bien habiendo recuperado la iniciativa, sacando pecho, sintiéndose machistamente emocionado al darse cuenta de que la tenía a punto de correrse, de conseguir matar de gusto a semejante mujer, satisfecho de sí mismo. Eva se dejaba pasivamente y disfrutaba plenamente de los momentos más dulces, ya se sentía reventar de placer y lo apretó fuertemente con los brazos, era tan fuerte e insoportable el gusto que quería cerrarse de piernas y le costaba exclamarse, lo apretaba y retorcía con las manos, pero no podía resistirse a la necesidad de cerrase y lo abrazó con las piernas. John seguía dándole con buen ritmo, pero sin desmelenarse como ella estaba deseando para acabar cuanto antes con aquel “sufrimiento”, y Eva, aunque temblándole las piernas las abrió y flexionó dejando los pies sobre el culo de John. Se abrió cuanto pudo de piernas y entonces gritó: se iniciaba su orgasmo, se desataba el nudo que agarrotaba su vientre. Eva siguió gritando al impulso de las sensaciones orgásmicas, apretándose a John, cerrándose a John con piernas y brazos y disfrutando al límite de lo soportable.
Ya habían pasado los más deliciosos momentos del orgasmo y le seguía costando soportar las sensaciones, lo sujetó del culo para que la follara suavemente y él la complació. John ya sentía la proximidad de su eyaculación y aumentó el ritmo, pero Eva ya no fue capaz de soportar más y se cerró de piernas deshaciendo la penetración. John cayó a un lado y angustiado por la sensación de que iba a correrse, al límite de sentirse ridiculizado. Consiguió recuperar el control, se tranquilizó pero le invadió una deprimente sensación.
Samir estaba haciéndose una paja junto a la cabecera de la cama, Eva vio en primer plano la enorme verga de Samir y se sobresaltó, se giró hacia John y le dijo que tenían que irse enseguida porque su marido podía regresar, John le contestó que no había peligro porque la operación era de las largas y complicadas, y ella le replicó que eso era imposible de saber, que entre otras desgraciadas circunstancias no sería la primera vez que fallecía su paciente, y que además quería acabar cuanto antes con la mayor barbaridad que había cometido en toda su vida por culpa del alcohol, que le rogaba su silencio y que si quería desahogarse se sentía obligada a masturbarlo, porque ella ya no estaba dispuesta a nada más. John la abrazó y empezó a besarla por el cuello. Eva se mantenía rígida y se mostraba reacia a las caricias pero no se lo quitaba de encima. John la besó en la boca, le tocó el coño y Eva ya lo abrazó. Le acariciaba la vulva y Eva le fue acariciando hasta acabar tomándole la polla. Eva volvía encenderse y le dijo junto a la oreja: “está bien, hazlo, pero te ruego que seas rápido”, y a John se le iluminaron los ojos, porque le tomó la palabra poniéndola “a cuatro patas”, y arrodillándose por detrás y cogiéndola de la cintura la penetró agresivamente, queriendo esta vez darle con más fuerza de la que ella pudiera aguantar. Estando al límite John había conseguido truncar la eyaculación y ahora se sentía capaz de aguantar más. Eva gritaba al ritmo de los chasquidos en sus nalgas, pero lejos de intentar reprimirle la agresividad le dejaba el culo bien expuesto, cuanto más fuerte le daba más se exclamaba de gusto. Pablo se levantó del sillón al oírla, y ya se decidió a hacer lo que estaba deseando. John disfrutaba tirándosela como hubiera deseado desde el principio, seguía golpeándole las nalgas, miró orgullosamente a Samir, y éste saltó sobre la cama y se arrodilló ante Eva, la cogió de los cabellos para levantarle la cara y con la otra mano se cogió la verga para dirigirla a su boca, y lo hizo con dureza, queriendo demostrarle que estaba dispuesto a forzarla, pero no era necesario porque Eva abrió la boca dejando que el glande tensara y traspasara sus labios. Samir cogía la cabeza de Eva con ambas manos asegurando mantener la verga dentro de su boca, pero enseguida se dio cuenta de que Eva se la mamaba con ganas y dejó de sujetarle la cabeza. Samir miraba cómo se la mamaba, con qué ganas se la cogía y se la comía cuanto podía, y arrugaba la cara por el gusto que le daba y por el morbo que sentía al verla además en aquella posición, con su amigo golpeándole duramente el culo y rebotándola hacia él, y aprovechó para tocarle los pechos, deseando correrse cuanto antes para no correr el riesgo de quedarse con las ganas. Pablo entró y cerró la puerta con cuidado. Samir lo seguía con la mirada y se tranquilizó al darse cuenta de que Pablo seguía ejerciendo de voyeur.
Eva empezó a reforzar ambas acometidas y a exclamarse como podía porque ya estaba volviendo a inflamarse de gusto. John se estaba aguantando porque se daba cuenta de que Eva parecía poder volver a correrse, y lo deseaba. Eva dejó de mamarla para gritar agudamente, de una forma escandalosamente femenina presa de un nuevo y aún más intenso orgasmo, impresionándolos, y John por fin la tenía en el momento deseado para abandonarse a lo que le pedía el cuerpo, y tirando de los huesos de las caderas aumentó la contundencia de las embestidas, follándola a romper, provocando más gritos, las nalgas enrojecidas chascaban, la excitación ya fue irrefrenable para John y empezó a eyacular en contra de su voluntad, porque hubiera deseado “castigarla” más, deseaba que se hubiera quejado por la fuerza de los golpes. Eva se sentía desfallecer de gusto con cada embestida, disfrutando de un orgasmo tan intenso que tenía la sensación de estar perdiendo la conciencia. John se vació y ya no pudo mantener aquella agresividad, y Samir la agarró de los cabellos dispuesto a obligarla a que siguiera mamándosela, pero de nuevo se dio cuenta de que no era necesario obligarla porque ella reanudó la mamada con renovada energía, embebida de placer y deseando lo mismo que Samir. John seguía tirándosela pero en progresivo declive. Pablo estaba cerca de ellos, sin perderse detalle, y John también se había dado cuenta de que sólo pretendía disfrutar viéndolos follarse a su amiga. Eva puso una mano en el muslo de John, indicándole que la penetrara lentamente, y se decidió a emplearse a fondo con la verga. Tan sólo habían transcurrido unos segundos de enérgica mamada y Samir sintió que iba a correrse y apoyó las manos en los hombros de Eva, como avisándola, y viendo como seguía mamándosela ya valoraba la posibilidad de empezar a eyacular en aquella deliciosa boca con morbosa excitación, ya estaba a punto y le apretó los hombros casi apartándola, pero Eva reaccionó gimiendo de gusto y reafirmando aún con más ganas la mamada, él ya dejó de querer apartarla y se dispuso a morirse de gusto, sin hacer nada más que dejarse y observar cómo se la mamaba, y de repente, sin más signos por parte de Samir, el cuerpo de Eva se sacudió porque había recibido la primera andanada de semen en la boca y se detuvo un instante por la impresión, pero de inmediato reanudó la mamada, haciéndole bramar de gusto, y ella hasta sentía reavivarse las sensaciones de su propio orgasmo mientras seguía recibiendo más expulsiones de semen, Samir se vaciaba de gusto y la miraba para no perderse detalle, observando cómo el semen resbalaba por el pene y también cómo caía sobre la cama desde su mentón, sin que dejara de mamársela. Samir se entrelazó las manos en la nuca, estirando la espalda y sintiendo admiración por aquella experta mujer. Bajó las manos y le cogió la cabeza mientras que ella ya se la mamaba lentamente, y luego siguió acariciándole los cabellos y la cara. Eva jadeaba recuperándose por el esfuerzo realizado. Seguían disfrutándose plácidamente, exprimiendo hasta la última gota de placer. Samir le acariciaba la cabeza y la cara, con ternura, con agradecimiento, y John lo hacía desde los pechos a los muslos. Eva ya respiraba mejor e iba tranquilamente chupando una verga que apenas decrecía, y es que ella seguía disfrutando notablemente de las sensaciones del orgasmo y se notaba en cómo seguía chupando y lamiendo, disfrutando de aquel pollón. Eva empezó a temblar porque brazos y piernas le flaqueaban al sentirse por momentos al borde del desfallecimiento, y a modo de despedida le dio una chupadita al glande, los huesos de las caderas resbalaron de las manos de John y no pudo mantener la penetración porque Eva cayó abatida de lado y hecha un cuatro sobre la cama. Samir se inclinó sobre ella y con un pañuelo le limpió desde los labios al cuello, luego le sujetó la cara para girársela y mirarla a los ojos, le dio las gracias y le dijo que nunca le habían hecho sentir tanto, ella lo miraba fríamente, algo molesta por las palabras, y por último Samir le dijo que necesitaba besarla, ella sólo le miraba, seria, y él fue descendiendo la cabeza, ella entreabrió los labios y él los juntó al instante. Fue un breve morreo porque ella se apartó y volvió a ponerse de lado, entonces vio a Pablo y se cubrió la cara con las manos, abochornada y deseando que se la tragara la tierra, pero ni se dio cuenta de cómo estaba su bragueta. Samir le besó en el hombro y le dijo que era una auténtica mujer, una maravilla de mujer, y ella se limitó a pedirles que se fueran de su casa enseguida y que hicieran el favor de no decir nada más, sin mirarles ni mover la cabeza.
Pablo cerró la puerta y regresó salón. Estaba muy excitado e inquieto y deambulaba por el salón. John y Samir se vistieron, y cuando se disponían a salir, Eva se incorporó un poco para decirles:
—Os lo ruego, que no se entere nadie de esto.
John le respondió con voz firme:
—Tranquila Eva, tiene mi palabra de que esto no lo sabrá nadie, y… que son cosas que pasan…, porque yo también me siento muy mal por… Y que después de todo… es lo menos que podemos hacer, nadie lo sabrá, palabra de honor.
—Gracias.
—No, gracias a usted, se lo aseguro –él lo decía muy serio pero a Eva se le escapó la sonrisa y se echó en la cama para ocultarse.
Se apretaba los muslos y se movía estirada boca abajo y seguía sintiendo gusto, pero se decía que tenía que espabilar, arreglar la habitación y que cuando llegara Roberto la encontrara bien dormida, pero se arrugaba pensando en cómo enfrentarse a Pablo, porque no se sentía con fuerzas ni para mirarle a la cara, pensaba que era horrible lo que había visto, y más horrible tener que enfrentarse a él porque no había excusa posible a lo que había hecho, pensaba, y rogaba para que se fuera de casa sin despedirse.

Pablo los vio pasar por el salón. Comprobó que se habían ido y regresó al salón, y allí de pie sudaba intentando decidirse. Se sentó en el sofá, en el mismo sitio que estuvo John, acarició la parte en donde estuvo sentada Eva y enseguida se levantó y se dirigió hacia la habitación.
Eva estaba como dormida boca abajo y era consciente de que Pablo había entrado silenciosamente, y rogaba para saliera de igual forma después de verla desnuda. Pablo permanecía quieto a los pies de la cama y con la expresión desencajada, le costaba respirar observando un cuerpo que siempre había adorado y que era la fuente de sus más inconfesables fantasías. Con sigilo se acercó a un lado de la cama, e inclinándose y alargando el brazo pasó la mano por toda una nalga sin llegar a tocarla, sintiéndose envilecido, disfrutando de aquella acción, y finalmente la reposó delicadamente sobre la nalga, Eva se sintió tan sorprendida sintiendo su mano en el culo que no reaccionó, siguió como dormida, pero cuando la mano le acarició el culo, aunque quiso entenderlo como un acto de ternura, se dio media vuelta a la vez que tiraba de la colcha y se cubría, apartándole la mano.
—Pablo, qué haces –le dijo tímidamente.
Pablo le miraba las rodillas y como si no la hubiera oído.
—Dios mío, Pablo, qué he hecho, cómo he podido… He perdido la cabeza, estaba bebida, no sabía lo que hacía... —Esperó su respuesta, pero él sólo observaba la desnudez de sus piernas y hombros y lo que cubría la colcha—. Pablo, sabes que quiero a Roberto con toda mi alma, que lo amo como a nadie en este mundo y que nunca le he sido infiel... Tú sabes que no habido más hombre que él en toda mi vida… Pablo… dime que lo comprendes, que me perdonas, dime que borrarás esto de tu memoria, que no le dirás nada, te lo suplico.
Pablo se sentó y tiró de la colcha descubriéndole los pechos y ella de nuevo quedó sorprendida en un primer momento, como si no entendiera qué pretendía. Pero al ver cómo le miraba los pechos tiró de la colcha y se los cubrió rápidamente, lo miraba asustada a la cara pero él la miraba fijamente a los pechos, y le dijo en un tono de amable recriminación:
—Pablo, qué estás haciendo… ¿Pablo?... ¡Pablo!, ya vale, por qué me miras así... Tú no, Pablo, por dios…
Pablo evitó sus ojos, y explicitando sus intenciones empezó a tocarle los pechos por encima de la colcha, Eva se los protegía y lo miraba con expresión asustada, y le suplicó a punto de llorar:
—No me hagas esto, tú no, Pablo, aunque yo... tenga la culpa...
Pablo seguía tocándola, y ella cambió radicalmente el tono:
—¡Basta, espera un momento!...
Pablo retiró las manos, esperando lo que tuviera que decirle, sin mirarla a la cara.
—...Dime, qué pretendes... —Pablo permanecía impasible—... ¡Eh!
Él seguía ignorándola y mirando fijamente el relieve de sus pechos en la colcha, y Eva ya le dijo con acritud:
—Dios mío, Pablo, tú, cómo me haces esto, tú, con lo que yo te quiero, y tú a mí.... Pablo, háblame, dime algo, recapacita… ¡Pablo, mírame, soy yo!... Está bien, quiero pensar que no me estás cobrando tu silencio, ¿no?... Supongo... eso, que yo tengo la culpa... Bueno, como quieras… Dime, va, dime lo qué quieres, pero júrame que sellaré tu boca… —Pablo ni parpadeaba—. Nunca, nunca te hubiera creído capaz de hacerme esto, tú…, qué eres como… —le asaltaban ganas de romper a llorar—. Tú no puedes hacerme esto, no… ¿Y no te importa Roberto? Hacerle esto... y Puede llegar, nos puede pillar… Contesta... ¡Y mírame a la cara!... ¡Pablo!
Pablo ni se inmutaba, y Eva le dijo ya con resignación:
—Dios mío, Pablo, recapacita, que soy yo... Mírame, te lo ruego... —Pablo alargó una mano y volvió a tocarla para mayor indignación de Eva—. Muy bien, adelante, hombre, aprovéchate, tócame lo que te dé la gana, destroza nuestra maravillosa amistad, pero te suplico date prisa.
Pablo cogió la colcha y Eva dejó de sujetarla y reposó los brazos en la cama, la descubrió lentamente, como si le costara desplazar la colcha. Se eternizó observándola mientras ella se esforzaba por no llorar. Puso las manos delicadamente sobre los pechos y Eva apretó los labios y los ojos. A Pablo empezaron a temblarle las manos y de repente le apretó y comprimió los pechos nerviosamente, Eva se dolió, le apartó las manos y se los protegió con las suyas. Eva quería decirle algo, pero cerró los puños y volvió a reposar los brazos en la cama. Pablo parecía a punto de sufrir un colapso, estaba muy tenso y sofocado, sudaba y temblaba, su envilecida conciencia lo atormentaba pero su voluntad era insignificante ante la incontinencia de su deseo. Pablo respiró profundamente varias veces, dejó de temblar, y empezó a tocarle los pechos con serenidad.
Pablo quería disfrutar detenida y minuciosamente de aquel exuberante cuerpo con el que tanto había soñado, cuidando de no mirarla más arriba de los pechos. La tocaba de una forma exasperantemente lenta para Eva, que ansiaba acabar cuanto antes. Pablo evitaba el coño después de haberse impregnado de semen.
Se eternizaba acariciándola, tanto que Eva ya quería creer que no podía seguir adelante, que con los fuertes vínculos que los unían ya estaría arrepintiéndose. Pero se exasperaba cada vez más porque Pablo no parecía tener intención de acabar, y era lentísimo metiéndole mano. Sus nervios se iban tensando por la tragedia que se cernía tras aquella puerta, porque si su marido apareciese por allí desearía estar muerta, y le imploró agriamente:
—Por lo que más quieras acaba de una puñetera vez... ¿Es que a ti no te importa que Roberto nos pueda sorprender así? —Pabló la ignoró soberanamente, y ella giró la cara para no verle, indignada.
La reacción de Pabló fue volver a los pechos, no paraba de acariciárselos, parecía que no se atreviera a más y estuviera encallado en la indecisión. Eva volvió a mirarlo para decirle:
—Mira, Pablo, se acabó, déjame en paz, vete a casa y date una ducha fría.
Intentó levantarse pero Pablo le retorció un brazo para mantenerla acostada, y Eva se dolió y se espantó viendo su irascible actitud.
—Pablo… –se exclamó sorprendida—. ¡Me estás haciendo daño!... Me oyes... —seguía comprimiéndole el brazo—. Por dios, Pablo, no pierdas el juicio, va, hombre, piensa en Roberto... No abuses también de la suerte... Acabemos de una maldita vez. Dime qué quieres y acabemos ya… Va… Pablo… —ni respondía ni la miraba a la cara—. ¿Quieres que... te haga algo?...Va. ¿Quieres? Entiendo que te has puesto… Pero tienes que prometerme que lo olvidarás todo… Jurarme que Roberto nunca sabrá nada.
La réplica de Pablo fue cogerla de un brazo queriendo ponerla boca abajo, Eva se indignó y rechazó el intento, mirándolo con odio, reprimiéndose las ganas de darle una bofetada. Pablo volvió a cogerla del brazo y ella misma se puso boca abajo con mal genio, soltándose el brazo de un tirón.
—Pablo, piensa lo que vas hacer… ¿No serás capaz de violarme? Te lo suplico, no lo hagas, piensa en nuestra amistad, porque esto no podría perdonártelo, recapacita, contrólate, por dios, puedo… —con la palma abierta la aplastó en la cama, y ella empezaba a llorar.
La observó, la abrió de piernas y ella hundió la cara en la almohada para evadirse de aquello tan sumamente bochornoso, se subió a la cama y se arrodilló entre las piernas, se bajó pantalones y calzoncillos hasta las rodillas y se quedó quieto observándola. Puso las manos en sus corvas y las fue subiendo acariciándole las piernas, siguió acariciándola hasta llegar al culo, y otra vez empezaba a recrearse acariciando y amasándole las nalgas, y Eva explotó:
—¡Acaba de una puñetera vez!... ¡Jódeme a mí, a ti, pero no a mi matrimonio!
Pablo le separó las nalgas para verle bien el ano, ella se daba perfecta cuenta de lo que le estaba observando y se sentía incomodísima y con el culo apretadísimo. Pablo se le fue echando encima y allí apuntaló el pene y Eva se sobresaltó, levantó la espalda, giró cuanto pudo la cabeza, e inocentemente le dijo que se equivocaba, que no era por allí. Pablo puso una mano en su espalda y la abatió de nuevo, volvió a ponerle el glande en el ano y Eva le rogó: “no, Pablo, no, eso no, te lo suplico, no me hagas eso…” Pablo presionó y Eva se lamentó expresando mucho dolor. Pabló siguió apretando y ella hundió la cara en la almohada. El glande se aplastaba contra el apretado ano, estaba muy tensa y así oponía mucha resistencia a la dilatación del esfínter, se dolía y agarraba la almohada con ambas manos a los lados de su cara, nunca la habían sodomizado y ella misma se dijo que tenía que relajarse si no quería sufrir mucho dado el dolor que ya sentía. Pablo siguió aumentando la presión, abriéndola a base de fuerza porque a Eva le resultaba imposible relajarse bajo aquel sufrimiento desgarrador. Eva apretaba dientes y puños y gemía continuamente por el agudo dolor que sentía. Sollozaba de dolor y a Pablo parecía no afectarle sus lamentos y siguió apretando, dispuesto a seguir aumentando la presión cuanto fuese necesario, y por fin el glande abatió la resistencia y penetró de golpe, introduciéndole toda la polla y haciéndola gritar, y así ensartada arqueaba la espalda y levantaba la cabeza, tensa y agarrotada, y Pablo, por fin daba signos de humanidad porque la cogió de los hombros, acariciándoselos, y sin mover la polla hizo que reposara de nuevo en la cama, acariciándole seguidamente la cabeza y la espalda mientras ella lloraba rota por el dolor y por la vejación.
Pablo la acariciaba pero seguía sodomizándola sin compasión, porque hasta parecía disfrutar haciéndola gemir y llorar sacándola del todo para volver a doblegarle la resistencia. Después de unas cuantas penetraciones la resistencia fue aflojando, Eva se fue relajando y el dolor fue disminuyendo. Sin solución de continuidad los gemidos pasaron del dolor al placer, a pesar de que Eva no quería exteriorizarlo y se reprimía. Cuando ya no pudo seguir conteniéndose, abriéndose de piernas y elevando el culo de repente empezó a exclamarse libremente.
Pablo siguió sodomizándola de igual forma, inmune a las sensaciones de Eva, tanto de dolor como de placer, porque ella movía y le exponía más el culo pero él no alteraba ni el ritmo ni la fuerza de las penetraciones.
Eva sentía la inminencia del orgasmo y volvía a gritar de gusto, revolviéndose con oscilaciones del culo a las penetraciones, al límite de sus fuerzas y de nuevo sintiéndose desfallecer de gusto, destilando el placer por cada poro de su piel, sudoración que aún suavizaba más la tersura de su cuerpo para mayor deleite de Pablo al acariciarla. Eva aceleró las oscilaciones del culo agarrándose a la cama a la altura de sus caderas, haciendo gozar a Pablo de una más intensa sensación de presión en la polla y de los movimientos del culo. Eva le pidió que le diera más, Pablo la complació y enseguida la sintió la sintió estremecerse, porque Eva ya estaba sumergiéndose en otro clímax de abrasivo placer exhalando una larga, aguda y sentida exclamación. Acometiéndose mutuamente Eva siguió exclamándose y haciendo interminable su orgasmo y la felicidad de Pablo.
Permanecieron quietos un buen rato, Pablo seguía empalmado y cuando la fue sacando ella volvía a gemir como quejándose de un dolorcito. Pablo se echó a un lado y Eva giró la cabeza hacia el otro lado, tan avergonzada como complacida. Pablo la puso boca arriba, pero ella giró la cabeza para no verle debido a la inmensa vergüenza que sentía por haberse corrido incluso dándole por el culo, y es que sexualmente era una desconocida para ella misma.
Pablo salió de la cama, y de pie se estaba desnudando. Eva giró la cabeza por la incertidumbre, y al verlo desnudo miró directamente a su entrepierna, ya se estaba quitando los calzoncillos y ella le miraba fijamente la polla, y con la excitación desmadrada sintió una perentoria necesidad de hacerle una felación, y habiendo ya disfrutado tanto se recriminaba aún más por lo que entendía como un desmesurado apetito sexual. Era una polla casi como la de Samir y ahora se explicaba el porqué le había dolido tanto la sodomía.
Pablo se le echaba encima y ella se moría de ganas y se resistía, cada vez se sentía más desconocida porque ser forzada por Pablo ya le resultaba de lo más excitante. Pablo se metió a la fuerza entre sus piernas, clavándole las rodillas en los muslos para abrírselas, le sujetó las muñecas por encima de la cabeza y ella no podía evitar gemir de gusto a la vez que se resistía, y con una leve sonrisa en los labios de Pablo, la penetró a fondo, queriendo metérsela más y más, y Eva ya tuvo que dejar de resistirse y Pablo que soltarle las muñecas para que lo abrazara, y empezó a follarla con el mismo ritmo constante y mecánico de antes. Eva le miraba a los ojos, casi avergonzándolo por la crudeza de la mirada, por la excitación que expresaba, por su entrega. Eva levantó la cabeza para alcanzarle los labios, casi intimidándolo, y lo morreó y lo abrazó por el culo y por la cabeza. Pablo empezó a follarla como había visto que le gustaba y tuvo que finalizar el interminable morreo porque ella necesita gritar, porque volvía a correrse. Pablo era un hombre alto y robusto, y la machacó a penetraciones haciéndola llorar esta vez por el fuerte castigo de placer.
Eva quedó como dormida. Estaba baldada por todo lo sentido y por lo dolorido que tenía el cuerpo, sobre todo el bajo vientre. Pablo estaba echado a su lado y ella de nuevo había girado la cabeza hacia el otro lado, de nuevo avergonzada por su sexualidad. Pablo la acarició por todo el cuerpo, y luego le giró la cara hacia él, y por primera vez el estaba mirándola fijamente a los ojos, ella no pudo resistirse y se giro hacia él, ambos se miraban y sus caras iban acercándose, hasta que se unieron sus labios y volvieron a morrearse largamente, dulcemente, acariciándose, revolcándose de un lado al otro de la cama. Pablo la detuvo boca arriba, y estando a su lado se inclino sobre ella, mirándola a los ojos, mirándose ambos intensamente, y Pablo le dijo:
—Te quiero, te adoro.
Eva lo abrazó, juntando las caras.
—Por dios, Pablo, eso no puede ser.
—Siempre te querré, no puedo evitarlo.
—Pero esto no es posible, Pablo, esto no puede volver a pasar.
Pablo se separo para mirarla y decirle:
—No, por supuesto que no, esto nunca más, te lo juro, hemos perdido la cabeza y no le demos más vueltas.
—Bien, me habías asustado… —Eva creía que se había corrido y al sentir el pene en su costado se extrañó, lo miró, miró y lo vio en su plenitud y le entraron ganas de reír—…Pero bueno, es que no te has ido –y él, muy serió, negó, ella se reía, y la recriminó.
—Eva, te aseguro que todo esto no tiene ninguna gracia. No es justo lo que hemos hecho a Roberto.
—Tampoco es justo lo que me está pasando a mí.
—Tú te lo has buscado.
—Que no, que no es eso.
—Qué quieres decir.
—Que no es justo lo qué he sentido esta noche… Lo que nunca he sentido con él… No lo entiendo, te lo juro que no.
—Eva, qué pasa, ahora vas a desbarrar por la boca. Es tu marido y lleváis muchos años casados, no salgas con tonterías de criatura, que ya se te ha pasado la edad.
—Es que no has entendido lo que he dicho.
—Por favor, que no quiero saberlo… Que ya me siento suficientemente mal, y tú también deberías… Eva, piensa en Roberto…, y no en… eso, ¡por favor!
Pablo dejó de acariciarle el culo pero siguió por el exterior del muslo hasta la cadera.
—Ha sido una locura, una barbaridad, pero es que tendrías que comprender lo que sentía para…
—¡Que no, Eva, que no quiero saberlo!... Ya me lo imagino lo que… No te sientes ya bastante sucia como para preocuparte del sexo.
—¡No!, seguro que no entiendes que yo nunca…
—¡Que no! Por favor que no quiero saberlo… Piensa en él, por dios… Cómo hemos podido caer tan bajo… Lo siento, lo siento, te juro que yo también he perdido la cabeza. Siempre te he deseado tanto que… —se arrepentía de la última frase.
—Pues yo ni idea, nunca he notado el más mínimo indicio.
—No quiero perderte Eva, podrás olvidar esto, podrás perdonarme.
—¿Y tú a mí?
—Claro que sí, tu amistad está por encima de todo.
Pablo metía la mano por el interior del muslo, y acariciaba hacía la entrepierna mientras ella iba separando los muslos.
—Sí, desde luego que hemos perdido la cabeza, y bien perdida, los dos, y si no quieres que sigamos perdiéndola será mejor que dejes de meterme mano.
—¡Ah!, perdona –como si no fuera consciente de que la estaba tocando.
—Cómo has podido, Pablo, a mí… Tú… Aún no lo entiendo, es como si no te conociera.
—Es que no era yo, entiende que lo que ha pasado… Yo… Tú también sabes lo que es perder la cabeza.
—Muy bien hombre, si la mejor defensa es un buen ataque, pero yo diría que ha sido un golpe bajo.
—Perdona, perdona… Es que no me entiendes, lo digo… Venga, olvidemos esto, como si no hubiera pasado.
Pabló la miraba sobre todo a los pechos.
—Sí, tenemos que olvidarlo, hacer como si no hubiera pasado, y ahora, por favor vete, que me moriría si Roberto…
—Aún tendrá para rato, pero en el peor de los casos, oiríamos entrar el coche y…
—Qué me quieres decir, que aún no hemos acabado –ella se fijó en que seguía empalmado, y le preguntó con vergüenza—: ¿Tú aún no estás… en paz, verdad?
—No –le respondió con la misma vergüenza.
—Pero bueno, qué pasa contigo, por qué no te has ido… —le sonreía.
—Por favor, Eva –la recriminaba—, no bromees con esto, que es muy muy feo.
—Vale, pues ya puedes irte.
Pablo se quedó pensativo, y finalmente le preguntó:
—Qué pasa, es que estarías dispuesta a… —ahora miraba por encima de su cabeza, y ella tardó en responderle.
—Por favor, porque me preguntas eso… No preguntes hombre.
—Es que aún tienes ganas.
—No, claro que no, ya sólo siento arrepentimiento, sólo me siento sucia y despreciable, por favor, como voy a tener ganas.
—¿Entonces?
—¡Vete hacer puñetas!
Pabló empezó a frotarse el pene, y mirándole los senos le dijo:
—Te importa que me lo haga… mirándote.
Y empezó a masturbarse mientras ella lo miraba fríamente, y dijo:
—Desde luego, o te pasas o te quedas corto… Tonto.
Eva se sentó y empezó a tocarle los testículos, y le fue desplazando la mano y haciéndose con el pene. Eva quería acabar rápidamente y enseguida empezó a imprimir un rapidísimo vaivén a su mano, y enseguida surtió efecto porque él le sujetó la muñeca para refrenarle notablemente el movimiento, ella lo miró buscando una explicación, y la muda respuesta fue cogerla de la nuca para inclinarla hacia el pene, ella se resistió a medio bajar y él no la forzaba pero mantenía la sujeción.
—Será posible, pues anda que te cortas… Está bien, pero será el punto final, para siempre, eh –el asintió,
Se arrodilló a su lado y empezó a mamársela, y ahora sí que empezó lentamente, y fue acelerando la estimulación dispuesta a seguir aumentando hasta que se corriera.
Pablo se abandonó a la estimulación de Eva, que a la vez le practicaba la paja y la mamada con todas sus fuerzas, y que utilizó la otra mano para tocarle los testículos y estimularlo aún más. Pabló desplazó la mano para tocarle el culo y empezó a agitarse y a botar sobre la cama, y ella aún se tenía que esforzar más para seguir mamándosela bien, y a los pocos segundos Pablo empezó a exclamarse y renovó los ánimos de Eva, la aviso de que se iba a correr, pero tal y como deseaba y esperaba, Eva siguió mamándosela con las mismas ganas. Con la primera expulsión Pablo dio un golpe de cadera y le metió el pene y el semen en la garganta, Eva se atragantó pero siguió chupándosela sin perder ni un instante mientras él seguía corriéndose y exclamándose roncamente. Eva siguió chupando y dejando caer el semen polla abajo. El pene decrecía rápidamente y Pablo la separó, y luego le levantó la espalda porque ella volvía a chupársela. Eva se echó en la cama, boca arriba, ambos yacían igual. Pablo se inclinó sobre ella, la miro a los ojos, le pasó la mano por los labios, y la besó en la boca. Se besaron intensamente, acariciándose, hasta que Pablo levantó la cabeza, y volvieron a mirarse, ella con los labios entreabiertos, invitándole a que siguiera besándola, pero Pablo volvió a echarse de espaldas, y quedaron cogidos de la mano.
—Gracias –le dijo Pablo, tímidamente, y ella se arrancó a reír.
Pablo permanecía serio, apesadumbrado, y ahora ella se apoyo en un brazo para incorporarse un poco y mirarlo a la cara, y aún riéndose le dijo:
—¿Gracias? Que amables y agradecidos sois todos... Diría de nada, pero creo que…
—Ya vale, Eva, cómo puedes tener sentido del humor en estas circunstancias.
—¿No crees que es lo mejor que podemos hacer?
—Ya podemos empezar a arrepentirnos, y de verdad que no puedo entender tu humor.
—¡Y qué quieres que haga! Que llore… No te preocupes que ya tendré tiempo para llorar… Esto me hará mucho daño ¿O es que me crees tan… ligera?
—No, claro que no, Eva. Es que me siento tan mal.
—Pues me perece que te lo has pasado muy bien.
—¡Ya basta, Eva!
—Sí, hombre, sí, qué quieres que lloremos a coro, pues venga hombre, empecemos a fustigarnos si esto te hace sentir mejor… Va vete, por favor, que tengo el alma en vilo y no estaré tranquila hasta que…
—Solo unas palabras, no debería pero tengo que decírtelo… Nunca había sentido tanto… Nunca más sucederá algo así entre nosotros, pero para mí no ha sido nada sucio, siempre lo recordaré como el momento más maravilloso de mi vida… Me faltan palabras para… Lo que me has hecho, bueno, lo que haces…
—Eso ha sido otro golpe bajo, no te parece.
—Perdona, esa no era mi intención, me refería que Roberto es muy afortunado por tener a una mujer como tú, porque nunca hubiera dicho que fueras así en la cama, eres tan tímida, tan sencilla y frugal.
—Es que nunca he sido así.
—Es igual, sólo por lo que haces con la boca…. Ya me entiendes,
¿Te refieres a cómo la mamo? –sonreía entre dientes.
—¡Dios, Eva! Desde luego que no pareces tú, haz el favor, vuelve.
—No sé si podré.
—¡Qué!
—Nada, nada, qué me decías.
—Decía que hables bien, como tú.
—Ah, te refieres... a como felo.
—¡Demonios, Eva!
—Pues cómo hay que decirlo.
—Me refiero a todo, pero sí, sobre todo a eso, eres una maravilla haciéndolo, y olvídalo.
—Pues eso es algo que nunca le he hecho a Roberto –le dijo con abatimiento, con un hilito de voz…
—¿No?... –ella no respondía y miraba hacia el techo, y ahora fue él quien se apoyó en un codo para levantarse un poco y mirarla a la cara—. Por todos los santos, Eva, ¿porque no se lo haces a él?
—Porque nunca me la ha metido en la boca –dijo con abatimiento.
—Demonios, será porque tú no… —ella ni le respondía ni le miraba—. Tienes que hablar con él, por favor, a estas alturas y…, habla sinceramente con él, si él te adora, te daría lo que fuera para hacerte feliz.
—Va, Pablo, te lo ruego, vete, date prisa.
—Pero tienes que…
—No quiero seguir hablando de esto, y vete de una vez, te lo ruego.
—Sí, sí.
—Va, por favor, date prisa, que quiero arreglar la cama y ventilar la habitación.
—Puedo darte el último beso.
—¡Pablo, hombre!
—Sí, tienes razón… Es que eres tan maravillosa.
—Vete por favor –le dijo con cariño.
Pablo le cogió una mano y se la besó a modo de despedida.
Eva se había vuelto boca abajo. Pablo se había sentado de lado con una pierna flexionada sobre la cama y el otro pie en el suelo, volviendo a deleitarse con la desnudez de Eva, aprovechando los últimos instantes de aquel privilegio, y ella le estaba viendo y se dejaba observar, no sentía ningún pudor y tampoco quería privarle de ese último placer. Con miedo le acarició muy levemente la cabeza mientras que ella le miraba con buena cara, siguió acariciándola por la espalda, y al llegar al culo ella ya no pudo más y se cubrió con la colcha, más que nada porque tenía que irse de una vez. Pablo se vistió y se quedó mirándola también con cariño, queriendo decirle algo pero sin atreverse o sin encontrar las palabras adecuadas. Se giró y quedó quieto, de espaldas a Eva, y anduvo cabizbajo dispuesto a salir de la habitación, se detuvo junto a la puerta, se giró y la volvió a observar, y le dijo:
—Eva, lo siento… Qué más puedo decirte… Que no tienes nada que temer, que nunca haré nada que te perjudique, que siempre puedes contar conmigo. Que te quiero, y lo seguiré haciendo… como es debido.



Pabló volvió sobre sus pasos y se sentó en la cama, Eva lo miró con ternura e infinita paciencia. Pabló le tendió las manos, y ellas se las cogió, la incorporó y se abrazaron estrechamente, sin la colcha de por medio. Eva lo fue separando, lo besó en los labios y con los ojos le suplicó que se fuera, Pablo observó su cuerpo, le acarició los senos, la miró a los ojos, le devolvió el beso en los labios acariciándole una mejilla, y se fue a duras penas, sin dejar de mirarla hasta que acabó de cerrar la puerta.

Esperamos les haya gustado, si desean hacernos algún comentario o contarnos sus experiencias, y quien sabe si también podernos conocer.